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La mejor ocupación del mundo

¿Volveríamos a elegir nuestra ocupación u profesión actual? Si no es así, es un buen momento para plantearse un cambio.

Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.

Según quién sea el interlocutor, la respuesta será diferente. Muchos dirán que la mejor es la propia; otros dirán que es la de otro. La mayoría contestará de acuerdo con su propia prioridad: para muchos será la remuneración, para otros la flexibilidad de horarios, la posibilidad de ser creativo, la oportunidad de crecer jerárquicamente, el hecho de contribuir a la sociedad, o de estar en contacto con la naturaleza, la posibilidad de enseñar a los demás, la cantidad de tiempo libre que esa ocupación permita, las oportunidades de viajar… Son muchas las posibles motivaciones por las cuales cada uno hace lo que hace.

 

Tal vez esas prioridades nos las ha impuesto el contexto socio-cultural en el cual crecimos y nos educamos. Cabe preguntarse si esa elección es idéntica a la que realizaríamos si nos conectáramos con nuestros deseos más profundos, con aquello que nos llena y nos hace felices. ¿Volveríamos a elegir nuestra ocupación y/o profesión actual? Si es así, es un buen motivo de festejo; si no lo es, es un buen momento para plantearse un cambio de rumbo.

No es fácil descubrir esto, ya que el ritmo de la vida cotidiana muchas veces no nos permite parar a pensar o, mejor dicho, a conectarnos con nuestros anhelos más íntimos. Para muchos ese “stop” representa un grave peligro, por la posibilidad de descubrir que no están haciendo lo que más desean, y a la luz de ese descubrimiento tener que tomar una decisión que implica muchas veces grandes modificaciones.

A mi parecer, la mejor profesión u ocupación del mundo es, para cada uno, aquella que lo apasione, que le dé placer, satisfacción, en la cual se sienta “como pez en el agua”, que represente y refleje su esencia, donde mejor pueda expresarse y desarrollar su potencial. Por todo esto, sería muy interesante que más personas, especialmente durante nuestra juventud, nos incentivaran a conocer nuestros gustos, deseos, ideales y sueños, para poder ir confiadamente hacia ellos, sin preámbulos ni vueltas. Muy probablemente esto traería felices consecuencias en distintos aspectos de nuestra vida.