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Agradecer a quienes nos transmiten su sabiduría

Muchas personas llegan a nuestra vida y pasan por ella enseñándonos a desarrollar nuestras potencialidades y a evolucionar.

Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.

Sería interesante que todos tuviéramos más desarrollada la gratitud, como un comportamiento universal, espontáneo y ampliado hacia más situaciones y personas. Usualmente sólo agradecemos en circunstancias específicas, cuando se nos concede un favor o se nos otorga algún tipo de pedido.

Hay personas con las cuales es imprescindible ser agradecidos: las que por parentesco o conocimiento están en un nivel jerárquico más alto que el nuestro. Demostrarles gratitud a través de acciones o elementos concretos puede ser algo más palpable y valioso que hacerlo con palabras, pero no es una actitud que culturalmente nos resulte familiar, e incluso que se nos inculque desde pequeños. Podríamos citar el típico ejemplo del niño que lleva una manzana a su maestra como forma de agradecer sus enseñanzas, pero en los tiempos actuales ya no es muy frecuente esa situación. Si en retribución por las enseñanzas recibidas de un docente, le entregamos un regalo, probablemente en nuestra sociedad nos llamarán “chupamedias” o “buchones”.

Esta connotación negativa –lamentable, por cierto- tiene que ver tal vez con que en general no estamos acostumbrados a agradecer en forma espontánea; es más, a veces hasta nos genera un gran esfuerzo expresar un simple “muchas gracias”. Por lo tanto, mucho más difícil nos resulta realizar una acción efectiva como forma de expresar gratitud.

En otras culturas, principalmente orientales, el agradecer a través de objetos o acciones forma parte de los buenos modales. Todo maestro o docente de cualquier materia o disciplina es agasajado y retribuido de distintas maneras, al igual que los padres o familiares mayores. Ellos tienen el mérito de transmitir su sabiduría y la gran tarea de educar y orientar a los más jóvenes. Aunque esto parezca obvio y pensemos que es lo que les corresponde, resulta que en general esas personas están en desigualdad de condiciones, ya que suele ser un solo profesor o maestro el que enseña a gran número de alumnos, dedicando diariamente su energía a esa noble tarea. Nos encontramos así ante una situación reiterada: el tiempo, dedicación y energía de una sola persona, se entregan a muchas, que en la mayoría de los casos reciben pero no retribuyen.

Muchas personas llegan a nuestra vida y pasan por ella enseñándonos diferentes cosas, con lo cual nos ayudan a desarrollar nuestras potencialidades y a evolucionar. Sería lindo que fuéramos más agradecidos con ellos, retribuyéndoles en forma cotidiana y concreta.