Sumergirse en el momento presente
Estamos formados por una herencia genética y cultural, y sólo tenemos el presente para cambiar.
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Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.
"Se dijo para sí que la mayor parte de los momentos de nuestra vida serían deliciosos si el futuro o el pasado no proyectaran su sombra sobre ellos, y que generalmente no somos desdichados más que por recuerdo o por anticipación". Marguerite Yourcenar, del cuento "La primera noche".
Con estas palabras tan claras y verdaderas podríamos dejar el tema concluido. ¿Cuántas veces hemos escuchado que no hay que quedarse estancado en el pasado, u obsesionado con el futuro?
Una cosa es recordar de vez en cuando y otra es que los recuerdos oscurezcan el presente. De la misma forma, el pensar en el futuro de manera liviana, no inquieta nuestro hoy, pero sí lo hace cuando lo que vendrá nos genera miedo o incertidumbre.
Solemos ser esclavos de nuestra historia, ya que no hay forma de modificarla; no obstante, tenemos la posibilidad de resignificarla, de manera que sólo contribuya a que el presente sea tal como deseamos. Si parte del contenido de nuestra memoria nos estorba de una u otra forma, debemos hacer algo con ello o al menos modificar las sensaciones que nos provoca. Estamos formados por una herencia genética y cultural, y sólo tenemos el presente para cambiar. Si nos estancamos pensando o sintiendo en el pasado, el momento actual nos pasa inadvertido y perdemos la posibilidad de ser dichosos ahora.
Con respecto al futuro sucede algo similar: si lo venidero nos genera inestabilidad o ansiedad desmedida, significa que no estamos haciendo actualmente aquello que nos da la confianza profunda de que el porvenir, es decir las consecuencias de nuestras acciones, será de nuestro agrado. Es claro que todos tenemos cierta planificación del propio futuro -que siempre estará en parte influido por el azar-, pero esa planificación no debería quitarnos el disfrute del momento presente.
Como ejercicio, podemos aprender observando la forma en que actúan los niños más pequeños, que en general no están preocupados por lo que pasó o lo que pasará, sino conectados más profundamente con el ahora. Siendo adultos perdemos bastante esa capacidad, pero en algún lugar de nuestra memoria ella está presente.
Si ordenamos nuestros recuerdos como una galería de imágenes que visitaremos sólo de vez en cuando como un simple paseo, y buscamos una manera de vivir las situaciones cotidianas con plena conexión, lograremos sumergirnos en el momento presente, y eso generará una base sólida para ir desencadenando el futuro que deseamos y que estamos construyendo a cada instante.
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Con respecto al futuro sucede algo similar: si lo venidero nos genera inestabilidad o ansiedad desmedida, significa que no estamos haciendo actualmente aquello que nos da la confianza profunda de que el porvenir, es decir las consecuencias de nuestras acciones, será de nuestro agrado. Es claro que todos tenemos cierta planificación del propio futuro -que siempre estará en parte influido por el azar-, pero esa planificación no debería quitarnos el disfrute del momento presente.
Como ejercicio, podemos aprender observando la forma en que actúan los niños más pequeños, que en general no están preocupados por lo que pasó o lo que pasará, sino conectados más profundamente con el ahora. Siendo adultos perdemos bastante esa capacidad, pero en algún lugar de nuestra memoria ella está presente.
Si ordenamos nuestros recuerdos como una galería de imágenes que visitaremos sólo de vez en cuando como un simple paseo, y buscamos una manera de vivir las situaciones cotidianas con plena conexión, lograremos sumergirnos en el momento presente, y eso generará una base sólida para ir desencadenando el futuro que deseamos y que estamos construyendo a cada instante.



