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Entrenar nuestro cuerpo conectándonos desde lo más profundo
La elección de un tipo de entrenamiento tendrá que ver principalmente con el placer que nos genere y el objetivo que busquemos
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Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.
Es claro que el sedentarismo no es recomendable si deseamos alcanzar una buena calidad de vida y llegar a ser longevos con salud y vitalidad. No obstante, hay muchas maneras de poner el cuerpo en movimiento y mantenerlo en forma, algunas más dinámicas o deportivas, otras más artísticas y creativas, algunas de alto impacto sobre la columna vertebral, otras sin esa clase de consecuencias.
La elección de un tipo de entrenamiento tendrá que ver principalmente con el placer que nos genere y el objetivo que busquemos. Muchas personas prueban distintas opciones hasta encontrar la actividad ideal, o simplemente van cambiando a medida que aparece el aburrimiento, o incluso realizan dos o tres actividades diferentes en distintos días y horarios. Algunas pasan años de su vida realizando el mismo entrenamiento físico, sólo porque lo disfrutan y comprueban que les permite mantenerse en forma.
En general asociamos el entrenamiento corporal con los deportes; no obstante, existen técnicas corporales originarias de tradiciones culturales muy antiguas que buscan otro tipo de conexión con el cuerpo: no sólo trabajar la parte muscular y articular, sino comenzar a percibir fenómenos internos como el ritmo respiratorio, la temperatura corporal, la circulación sanguínea. A través de esa práctica puede lograrse un conocimiento más profundo del propio cuerpo y, por lo tanto, también de sus límites.
Esa forma de entrenamiento, que induce a sumergirse con una actitud de meticulosa observación en las sensaciones corporales que se dan de la piel hacia adentro, habría surgido de la inspiración en la naturaleza y en la sabiduría que transmite. Así, el entrenamiento puede consistir en quedarse mucho tiempo en una posición tal como podría hacerlo una iguana y al mismo tiempo realizar una respiración específica, con un ritmo determinado, siempre con la conciencia enfocada en el cuerpo y cultivando la sensorialidad.
Luego, cada movimiento se realiza en forma lenta y consciente con tanta precisión que, a la vista de un observador externo, el cuerpo parecería estar flotando o -según si la posición es más o menos sofisticada- siendo manipulado por hilos invisibles. La consecuencia es una forma de ejecución estética e incluso artística que, sin serlo, nos remite a una especie de danza.
A diferencia de otras, esta forma de entrenar el cuerpo no genera un gasto de energía; por el contrario, proporciona una cuota extra de energía al practicante. Se trata de una práctica compatible con cualquier otro entrenamiento físico o deportivo, que funciona como un socio complementario para desarrollar un mejor desempeño y conquistar todas las metas. Habrá que experimentarla.
En general asociamos el entrenamiento corporal con los deportes; no obstante, existen técnicas corporales originarias de tradiciones culturales muy antiguas que buscan otro tipo de conexión con el cuerpo: no sólo trabajar la parte muscular y articular, sino comenzar a percibir fenómenos internos como el ritmo respiratorio, la temperatura corporal, la circulación sanguínea. A través de esa práctica puede lograrse un conocimiento más profundo del propio cuerpo y, por lo tanto, también de sus límites.
Esa forma de entrenamiento, que induce a sumergirse con una actitud de meticulosa observación en las sensaciones corporales que se dan de la piel hacia adentro, habría surgido de la inspiración en la naturaleza y en la sabiduría que transmite. Así, el entrenamiento puede consistir en quedarse mucho tiempo en una posición tal como podría hacerlo una iguana y al mismo tiempo realizar una respiración específica, con un ritmo determinado, siempre con la conciencia enfocada en el cuerpo y cultivando la sensorialidad.
Luego, cada movimiento se realiza en forma lenta y consciente con tanta precisión que, a la vista de un observador externo, el cuerpo parecería estar flotando o -según si la posición es más o menos sofisticada- siendo manipulado por hilos invisibles. La consecuencia es una forma de ejecución estética e incluso artística que, sin serlo, nos remite a una especie de danza.
A diferencia de otras, esta forma de entrenar el cuerpo no genera un gasto de energía; por el contrario, proporciona una cuota extra de energía al practicante. Se trata de una práctica compatible con cualquier otro entrenamiento físico o deportivo, que funciona como un socio complementario para desarrollar un mejor desempeño y conquistar todas las metas. Habrá que experimentarla.