Qué es y cómo se consume el LSD
La dietilamina de ácido lisérgico o LSD, comúnmente conocida como ácido, es una droga psicodélica semisintética. Es conocida por sus efectos psicológicos, que dependiendo de la dosis administrada pueden ir desde alucinaciones visuales, disolución del ego, percepción distorsionada, sensibilidad extrema, euforia y risa extrema, hasta paranoia.
La primera prueba oficial de LSD se realizó el 19 de Abril de 1943. Ese día Albert Hoffman, que lo había sintetizado 3 días antes y lo había probado por error sin saberlo al tocar un instrumento sucio con LSD, hizo una prueba conciente con 250ug de LSD. Luego de ingerir la sustancia, hizo su famoso “viaje en bicicleta” desde el laboratorio a su casa acompañado con su ayudante. El viaje fue descripto en detalle es sus apuntes de trabajo, luego publicados en su libro de 1978 "LSD - My Problem Child", un relato que compartimos al final de la nota.
La vía de administración puede ser oral, generalmente diluido en algún tipo de substrato, como un papel secante (comúnmente conocido como “cartón), un terrón de azúcar, una gomita o un poco de gelatina. En forma líquida puede administrarse mediante una inyección intramuscular o intravenosa.
Algunos suelen “colarse” por el ojo, lo que consiste en colocar el ácido en la pupila.
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Esto hace que sea absorbido en forma directa y sus efectos se sientan en minutos. De lo contrario, al ser ingerido por boca se coloca debajo de la lengua y tarda de 30 minutos a 1 hora en “pegar”.
Los efectos del LSD sobre el sistema nervioso central son variables y fundamentalmente dependen de la cantidad consumida, el entorno en el que se use la droga, la pureza de ésta, la personalidad del individuo y su estado de ánimo, entre otros factores que están determinados por la particularidad de cada organismo.
La dosis se compra en “cartón”, un cuadrado de 1cm x 1cm al que le colocan una gota de LSD y en Mendoza ronda los $200. En Europa son conocidos los “goteros”, algo que no suele llegar a Argentina. Se trata de ácido lisérgico que directamente se dosifica al ser colocado sobre otra sustancia que lo absorba, como una gomita dulce.
La cantidad es lo que marca la diferencia entre un "buen" viaje y un "mal" viaje. El cartón se divide en 4 triángulos y cada uno de esos representa la dosis mínima.
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Un “cuartito” es suficiente para un viaje, pero algunas personas buscan efectos más fuertes y prefieren medio ácido. Tomar un ácido completo es un pasaje directo a la paranoia y la alucinación, en la que puede perderse el control de la situación y la euforia puede provocar reacciones adversas, si la persona no es capaz de manejar el “viaje”. Algunos han sufrido sensaciones sumamente aterrorizantes, miedo de volverse locos y mucha angustia. Incluso, han ocurrido algunos accidentes mortales durante estados de intoxicación con LSD, ya que se pierde la noción del espacio-tiempo.
Hasta el momento, los ensayos científicos realizados demuestran que el LSD no produce adicción, ya que no causa un comportamiento compulsivo tendiente a la búsqueda de la droga, como sucede con la cocaína, las anfetaminas, la heroína, el alcohol y la nicotina. Sin embargo, aunque no origine trastornos duraderos en personas que no hayan experimentado ansiedad, depresión o alienación, puede contribuir al desarrollo de problemas mentales en aquellos que ya los tienen o son propensos a estados psicóticos.
Fases del "viaje"
La primera fase, según la organización Infodrogas, dura alrededor de 5 horas, con un característico cuadro de sintomas, entre los que se encuentran alteraciones de la percepción, mayor vivacidad de los colores y las formas de los objetos, sensibilidad por los detalles, deformaciones de los objetos, distorsiones de la realidad, de las formas, pseudoalucinaciones, alteración en la percepción del propio cuerpo, ideas delirantes y confusión mental.
En cuanto a los efectos físicos, se produce taquicardia, debilidad muscular, temblor, hipertensión, descoordinación motora, dilatación de la pupila, rubor facial y disminución del apetito.
Durante la segunda va disminuyendo la intensidad de los efectos anteriores, de forma que las alucinaciones se alternan con periodos de realidad. Esto suele durar unas dos horas aproximadamente, después de las cuales la persona suele conservar un recuerdo bastante exacto de la experiencia vivida.
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Historia del LSD
En los años 50 y 60 diversos psiquiatras y psicoanalistas experimentaron con el ácido como agente terapéutico, incluso como analgésico para enfermos de cáncer. Uno de los primeros pacientes en hacer pública su experiencia fue el actor Cary Grant, quien en 1961 declaró que la terapia con LSD había cambiado su vida: «Siento que ahora me comprendo realmente a mí mismo. Antes no era así. Y al no comprenderme a mí mismo, ¿cómo esperar comprender a los demás? Sencillamente, he vuelto a nacer.»
También fue utilizada por el ejército de Estados Unidos o de Inglaterra, entre otros países, para probar su uso en soldados en el frente de batalla. Algunos testimonios indican que incluso se animaron a hacerlo con la población civil de otros países, a quien drogaban sin que lo supiera sólo para estudiar los efectos de la droga. Así, un conocido caso ocurrido en 1951 relata la acción de la CIA en Francia, que drogó a la población de Pont-Saint-Esprit. Según informába el diario La Vanguardia, se puso LSD en una panadería y la población que la consumió se volvió loca. Algunos, relató la prensa de la época, decían que se les había salido el corazón y pedían a los médicos que se lo colocaran de nuevo. Otros, sencillamente saltaron por las ventanas. Hubo cinco muertos, cientos de personas afectadas y decenas de internados.
A su vez, fue la droga psicodélica que enarboló la cultura hippie de los años 60 y 70, quienes afirmaban que era un portal hacia el autoconocimiento, capaz de cambiar el eje de la percepción.
Hasta 1971, cuando se celebró el Convenio de Viena, si bien el LSD no era legal aún no existían fuertes controles o estaba penalizado el consumo. Desde el convenio, el ácido licergico fue clasificado como un psicotrópico.
Para brindar una descripción en primera persona de los "efectos" del LSD compartimos la narración del mismisimo creador del ácido, Albert Hofmann.
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Cuando llegó a casa, llamó a un doctor y pidió a su vecina algo de leche, creyendo que le ayudaría a recuperarse. Hofmann hace notar que a pesar de su estado delirante, fue capaz de escoger con lucidez la leche, por su calidad de antídoto no específico contra el envenenamiento. Cuando llegó el médico, no encontró ningún síntoma físico anormal, salvo las pupilas extremadamente dilatadas, y lo mandó a dormir.
“Poco a poco empecé a disfrutar una serie sin precedente de colores y formas jugando persistentemente detrás de mis ojos cerrados. Imágenes caleidoscópicas surgían, alternándose, variando, abriendo y cerrándose en círculos, explotando en fuentes, reacomodándose e hibridizándose en un flujo constante. Tuve la sensación de que veía la tierra y la belleza de la naturaleza como era cuando fue creada. Fue una experiencia maravillosa. Un renacimiento, ver la naturaleza bajo una luz nueva”, relató Hofmann.