Contacto físico, una forma imprescindible de comunicación
¿Por qué será que a veces cuesta tanto dar un abrazo, una caricia o una simple palmada en la espalda?
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Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.
Si hiciéramos una estadística de la frecuencia de contacto físico promedio entre los seres humanos, el resultado probablemente sería un número muy bajo. Esta forma de comunicación tan directa, ancestral, intensa y común también a otras especies se ha ido perdiendo en nuestra cultura.
Es claro que el contacto a través de abrazos, caricias, apretones de manos, besos o palmadas en la espalda suele ser más común en ambientes familiares, grupos de amigos y con el compañero afectivo. No obstante, muchos no se expresan a través del tacto ni siquiera en esos ámbitos. Pensemos con cuántas personas tenemos contacto físico en nuestra vida cotidiana. ¿Dos, tres, cinco, siete… una?
Hay muchas formas de comunicar los sentimientos de cariño hacia nuestros seres queridos, con palabras, acciones, comidas, regalos, cartas, etc., pero lo que podemos expresar a través de un abrazo es incomparable.
¿Por qué será que a veces cuesta tanto dar un abrazo, una caricia o una simple palmada en la espalda? Los motivos pueden variar para cada individuo, pero tal vez sean principalmente represiones, miedos y tabúes que, aprendidos a lo largo de la vida, nos condicionan a actuar de esa manera.
Existen pruebas de que en las primeras etapas de la vida del ser humano el contacto físico es la principal forma de comunicar afecto y emociones, además de un factor clave en el desarrollo integral del niño. Citemos como ejemplo un caso dado a conocer por la prensa: el de aquella beba prematura que al abrazar a su hermana gemela, que estaba muy delicada de salud, logró que se estabilizara en poco tiempo.
Si el contacto físico es tan importante en la infancia, debe serlo también en la vida adulta, por lo cual sería muy positivo que intentáramos cambiar el condicionamiento de poco contacto corporal, para comenzar a expresarnos más de esta manera con nuestros seres más cercanos y luego con más personas conocidas y queridas.
Siempre respetando al otro y sin invadirlo ni incomodarlo, si amamos a nuestros padres, hermanos, abuelos, parientes y amigos, sería lindo demostrarlo más a través de abrazos, besos y expresiones de cariño. Al principio puede ser que nos cueste y probablemente ellos se sientan sorprendidos si ese comportamiento afectuoso no ha sido habitual. Pero si repetimos este tipo de actitudes, a mediano plazo esas mismas personas lo disfrutarán y podrán aprender por el ejemplo, comenzando quizás también a ser más expresivas en ese sentido. Generaríamos así un gran bienestar en ellas y, obviamente, en nosotros mismos.
¿Y si comenzamos a ponerlo en práctica ahora mismo, abrazando más a todas las personas que queremos?
Hay muchas formas de comunicar los sentimientos de cariño hacia nuestros seres queridos, con palabras, acciones, comidas, regalos, cartas, etc., pero lo que podemos expresar a través de un abrazo es incomparable.
¿Por qué será que a veces cuesta tanto dar un abrazo, una caricia o una simple palmada en la espalda? Los motivos pueden variar para cada individuo, pero tal vez sean principalmente represiones, miedos y tabúes que, aprendidos a lo largo de la vida, nos condicionan a actuar de esa manera.
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Existen pruebas de que en las primeras etapas de la vida del ser humano el contacto físico es la principal forma de comunicar afecto y emociones, además de un factor clave en el desarrollo integral del niño. Citemos como ejemplo un caso dado a conocer por la prensa: el de aquella beba prematura que al abrazar a su hermana gemela, que estaba muy delicada de salud, logró que se estabilizara en poco tiempo.
Si el contacto físico es tan importante en la infancia, debe serlo también en la vida adulta, por lo cual sería muy positivo que intentáramos cambiar el condicionamiento de poco contacto corporal, para comenzar a expresarnos más de esta manera con nuestros seres más cercanos y luego con más personas conocidas y queridas.
Siempre respetando al otro y sin invadirlo ni incomodarlo, si amamos a nuestros padres, hermanos, abuelos, parientes y amigos, sería lindo demostrarlo más a través de abrazos, besos y expresiones de cariño. Al principio puede ser que nos cueste y probablemente ellos se sientan sorprendidos si ese comportamiento afectuoso no ha sido habitual. Pero si repetimos este tipo de actitudes, a mediano plazo esas mismas personas lo disfrutarán y podrán aprender por el ejemplo, comenzando quizás también a ser más expresivas en ese sentido. Generaríamos así un gran bienestar en ellas y, obviamente, en nosotros mismos.
¿Y si comenzamos a ponerlo en práctica ahora mismo, abrazando más a todas las personas que queremos?



