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La influencia de los grupos en nuestro estilo de vida
la energía del grupo es mayor que la de cualquiera de sus miembros: aunque sea muy fuerte, el individuo siempre será uno.
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Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.
Desde que nacemos recibimos la influencia de los distintos grupos específicos en que interactuamos. Somos parte de una familia, que probablemente tenga una religión; también pertenecemos a un país, por lo cual tenemos determinada nacionalidad, y así sucesivamente. A medida que pasa el tiempo y vamos creciendo, voluntariamente comenzamos a participar en más grupos, como por ejemplo grupos de estudio, políticos, deportivos, etc.
En todos esos ámbitos se da un fenómeno llamado egrégora. Esta palabra proviene del griego egrégoroi y designa la fuerza generada por la sumatoria de energías físicas, emocionales y mentales de dos o más personas cuando se reúnen con cualquier finalidad. Todos los grupos tienen su egrégora característica, que sería como un hijo colectivo producido por la interacción de las personas que los forman.
Es interesante saber que la energía del grupo es mayor que la de cualquiera de sus miembros: aunque sea muy fuerte, el individuo siempre será uno. La egrégora acumula la energía de las personas que la forman, incluso la de ese individuo. Por eso no es recomendable oponerse frontalmente a ella, sino, por contrario, elegir egrégoras con las cuales nos identifiquemos y que sean compatibles entre sí. Ahora: si una persona ocupa una posición de liderazgo dentro de una egrégora específica, cuenta con una gran herramienta para modificar su curso, ya que puede tomar decisiones importantes.
¿Podemos elegir?
Hay egrégoras que nos tocan, por decirlo de alguna manera, como la de familia, la de raza, la de nacionalidad. Pero hay otras egrégoras que podemos elegir, como las de profesión, arte, filosofía, política, religión. Es en todos esos ámbitos donde generalmente conocemos a quienes serán nuestros principales amigos.
Como la egrégora se alimenta de las mismas emociones que la crearon, induce a sus integrantes a producir repetidamente los mismos sentimientos; así, la que tiene un objetivo de odio o agresión exige más de lo mismo, la que fue creada con intenciones sanas tiende a inducir a sus miembros a continuar en esa dirección. Es por esto que muchas veces, para hacer cambios importantes, es necesario alejarse de ciertos grupos que tal vez contribuyen más al estancamiento que a la evolución de los individuos que los forman.
Para que los grupos sean compatibles, es necesario que sean bien diferentes; sólo de esa forma el sujeto podrá vivir equilibradamente con la energía de grupos diversos influyendo en él. Pero, ¿qué sucedería si esa persona decidiera tener, por ejemplo, dos religiones, dos partidos políticos, dos equipos de fútbol de la misma categoría? Tarde o temprano comenzaría a sentir una especie de tironeo, inestabilidad, dispersión, y a largo plazo podrían surgir problemas en su vida particular, incluso en su salud.
Los grupos van cambiando a lo largo de la vida, principalmente porque cambian las personas. Lo ideal sería que todos fuéramos más conscientes de cuán importante es la influencia de esos grupos en nuestra manera de ser y, a partir de esa información, supiéramos elegir aquellos que contribuirán a que todas nuestras capacidades se potencien, y evitar a los que puedan generar lo contrario.
Es interesante saber que la energía del grupo es mayor que la de cualquiera de sus miembros: aunque sea muy fuerte, el individuo siempre será uno. La egrégora acumula la energía de las personas que la forman, incluso la de ese individuo. Por eso no es recomendable oponerse frontalmente a ella, sino, por contrario, elegir egrégoras con las cuales nos identifiquemos y que sean compatibles entre sí. Ahora: si una persona ocupa una posición de liderazgo dentro de una egrégora específica, cuenta con una gran herramienta para modificar su curso, ya que puede tomar decisiones importantes.
¿Podemos elegir?
Hay egrégoras que nos tocan, por decirlo de alguna manera, como la de familia, la de raza, la de nacionalidad. Pero hay otras egrégoras que podemos elegir, como las de profesión, arte, filosofía, política, religión. Es en todos esos ámbitos donde generalmente conocemos a quienes serán nuestros principales amigos.
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Como la egrégora se alimenta de las mismas emociones que la crearon, induce a sus integrantes a producir repetidamente los mismos sentimientos; así, la que tiene un objetivo de odio o agresión exige más de lo mismo, la que fue creada con intenciones sanas tiende a inducir a sus miembros a continuar en esa dirección. Es por esto que muchas veces, para hacer cambios importantes, es necesario alejarse de ciertos grupos que tal vez contribuyen más al estancamiento que a la evolución de los individuos que los forman.
Para que los grupos sean compatibles, es necesario que sean bien diferentes; sólo de esa forma el sujeto podrá vivir equilibradamente con la energía de grupos diversos influyendo en él. Pero, ¿qué sucedería si esa persona decidiera tener, por ejemplo, dos religiones, dos partidos políticos, dos equipos de fútbol de la misma categoría? Tarde o temprano comenzaría a sentir una especie de tironeo, inestabilidad, dispersión, y a largo plazo podrían surgir problemas en su vida particular, incluso en su salud.
Los grupos van cambiando a lo largo de la vida, principalmente porque cambian las personas. Lo ideal sería que todos fuéramos más conscientes de cuán importante es la influencia de esos grupos en nuestra manera de ser y, a partir de esa información, supiéramos elegir aquellos que contribuirán a que todas nuestras capacidades se potencien, y evitar a los que puedan generar lo contrario.
Esta nota está inspirada en los textos del escritor DeRose.