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Cárceles mendocinas: la requisa penitenciaria y la prevención de la violencia interna

Caños convertidos en lanzas, huesos de animales moldeados como cuchillos, trozos de vigas afilados con mangos de tela o madera, entre otros, conforman una serie inagotable de elementos que pueden ser incluidas dentro de las denominadas “chuzas” con las que los internos suelen agredir a los guardias penitenciarios o entre sí.

Caños convertidos en lanzas, huesos de animales moldeados como cuchillos, trozos de vigas afilados con mangos de tela o madera, entre otros, conforman una serie inagotable de elementos que pueden ser incluidas dentro de las denominadas “chuzas” con las que los internos suelen agredir a los guardias penitenciarios o entre sí.

Estas “armas blancas”, como es denominado por los partes de prensa del Ministerio de Gobierno, son el resultado de largas de horas de ocio e inactividad de cientos de personas que permanecen en situación de encierro dentro de las cárceles.

Como el objetivo de toda arma, estas chuzas son creadas con la doble intención de resguardar un espacio y a la vez, de invadir el espacio de otro.

Es frecuente escuchar en las noticias provenientes de las distintas cárceles de la provincia como un interno o varios, agreden a otros durante una gresca o como se valen de estos elementos, para llegar incluso a tomar el control de un pabellón.

Sección de la Requisa Penitenciaria (SERP)

Para prevenir que las chuzas u otro elemento que pueda ser utilizado como un arma se conviertan en un problema para el mantenimiento del orden dentro de las cárceles, el Sistema Penitenciario de Mendoza cuenta con un equipo especial denominado SERP (ección de la Requisa Penitenciaria), que son los encargados de localizar y secuestrar todo tipo de elemento no permitido, oculto en las celdas y pabellones. El SERP y el GEOP, se complementan en los trabajos de prevención y sofocación de motines.

Estos agentes, que gozan de poca popularidad entre los internos, son quienes diariamente inspeccionan cada sector de las cárceles en busca de armas, teléfonos celulares, dinero o droga, para así mantener el orden y la uniformidad de condiciones.

El servicio de la requisa se realiza de forma diaria en dos turnos. Por motivos de seguridad, nunca se realiza siguiendo un orden prefijado, sino que obedece a trabajos de inteligencia interna, cuyas resoluciones no son conocidas por los agentes del SERP hasta unos minutos antes de que se lleve a cabo.

El operativo se realiza siempre en grupos de dos agentes que van acompañados de un encargado. Por varios motivos, la requisa es uno de los momentos más desagradables y violatorios a la intimidad a la que los internos pueden ser sometidos, ya que mientras dura este procedimiento, cada una de sus pertenencias son revisadas e inspeccionadas. Las mudas de ropa, las sábanas, el colchón son requisados; pero también se controla que no hayan elementos ocultos dentro de la yerba para el mate, las bolsas de galletas u otros comestibles.


Elementos secuestrados.

Pese a lo indignante del procedimiento, el material que se secuestra de estas inspecciones no deja de ser llamativo y preocupante. Desde cuchillos elaborados con huesos de animales, a lanzas fabricadas con caños de viejas instalaciones sanitarias pueden hallarse ocultas debajo de las camas o en rincones ocultos de los pabellones.

Sin embargo, lo más común es toparse con teléfonos celulares o estupefacientes, que son ingresados a la cárcel a través de las visitantes, en su mayoría mujeres. En algunas oportunidades también se hallan sumas de dinero.

En caso de encontrar un arma, ésta es secuestrada y se le elabora un acta al interno al que se la hallaron. Esta acta será tenida en cuenta en su informe de conducta, imprescindible para poder acceder a regímenes de salidas transitorias.