Crimen de Verónica Escudero: la familia de la niña asesinada abandonó Tunuyán por miedo a represalias
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Además de esto, la idea de instalarse en Villa Nueva, en la casa de unos familiares la madre, se sustenta en el hecho de que tienen cuatro hijos más, de entre 7 años y seis meses, y quieren la crianza de ellos se desarrolle lejos del horror vivido con Verónica.
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La familia vivía en una casa tipo conventillo detrás de la pared pintada de rosa.
Verónica, la niña
Según algunos vecinos del pasaje Italia, Verónica era una chica como el común de las nenas de su edad. Además de cuidar de sus hermanitos, aprovechaba la tranquilidad de la callecita de tierra para jugar con los otros niños de la cuadra.
A la vista de sus amigos, Verónica era una chica alegre, algo tímida y bastante distraída. Asistía de lunes a viernes al turno mañana de la escuela Antonio Torres, ubicada a tres cuadras de su casa, de la que iba y volvía caminando. Una vez a la semana también iba de tarde a la clase de “Proyecto”.
Su madre, de 38 años, dedica gran parte de su tiempo a atender a los hermanos más pequeños, sobre todo a la criatura que se sumó al hogar hace seis meses. Además, lidia con las consecuencias de una operación reciente al riñón, lo que amplifica el esfuerzo.
Sin embargo, más allá de estas limitaciones, Alejandra no dejaba de atender su hija mayor, en la que empezó a notar un cambio de humor, sobre todo en los últimos tres meses.
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La denuncia ignorada
Cuando trascurrían los primeros días de marzo, Alejandra, muy preocupada, interrogó a Verónica sobre su comportamiento hasta que finalmente la niña confesó que había sido víctima de algunos episodios de abuso por parte de uno de sus tíos (hermano de Ricardo), que vivía en una de las habitaciones del amplio caserón que compartía la familia.
La niña dijo que su tío la había obligado a bajarse la bombacha y que había tocado varias zonas de su cuerpo.
A partir de este testimonio, Alejandra tomó la decisión de denunciarlo ante la Justicia, sin embargo, el titular del Primer Juzgado de Instrucción de Tunuyán, Oscar Balmes, desestimó las declaraciones de la nena, argumentando falta de verosimilitud e influencia de la madre en los dichos de la niña.
Dos meses después, Alejandra García y el magistrado se volvieron a ver, mientras esta madre desconsolada le gritaba: “¿Ahora sí me cree? ¿Ésta es la prueba que quería?”
Lo cierto es que la niña había variado su humor considerablemente desde ese episodio (una versión afirma que el abuso se repetido al menos dos veces más). “Caminaba entre la gente desconfiando de todo el mundo, ya no miraba con alegría”, observó la misma vecina.