Cambiá tu entorno sonriendo mucho más
|
|
Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose
Si hay un lenguaje válido para toda la humanidad, independientemente de raza, cultura o nación, ese es la sonrisa. Si estuviéramos en un país cuya lengua no conocemos y tuviéramos que comunicarnos por señas, probablemente comenzaríamos por la sonrisa. Y ésta sería retribuida.
¿Por qué será? Tal vez sea una mala costumbre, o quizás el ritmo de vida acelerado y la comunicación on line nos hayan llevado a sonreír más a través de emoticons y menos con nuestro propio rostro.
Si nos preguntan qué preferimos, personas sonrientes o personas ceñudas, la mayoría de nosotros responderá que es mejor relacionarse con personas sonrientes, pero que no es lo más común en los ambientes laborales, académicos, comerciales, y a veces hasta familiares. Todo el mundo quisiera tener un jefe o empleado simpático, un amigo o amiga alegre, un socio feliz, una pareja sonriente. Si esto no sucede, tal vez sea un reflejo de nosotros mismos…
En general pensamos que la sonrisa es efecto de alguna causa que la genera, por ejemplo una buena noticia, un chiste, un regalo, un halago. Pero no es así necesariamente. ¿Por qué cristalizarnos en pensar que sin motivos concretos no es posible sonreír? La sonrisa puede ser simplemente una decisión.
Ejercitar la sonrisa, como una elección y no como consecuencia de buenas noticias, puede ser algo que nos produzca mucho placer, además de generar a nuestro alrededor consecuencias positivas. Como la sonrisa tiene un efecto multiplicador, al sonreír más conseguimos modificar nuestro entorno, y por lo tanto el mundo…, al menos la parte de él en la cual interactuamos.
|
|
Pero de nada sirve que la sonrisa sea falsa o actuada. El ejercicio de sonreír sin un motivo específico requiere tomar conciencia de nuestros músculos faciales, descontraerlos al máximo, y dejar que la expresión simpática se exprese con naturalidad. Por supuesto que hay momentos en que sonreír puede ser inadecuado, pero en todos los otros momentos en que la situación no nos obliga a estar serios, sonreír es la mejor expresión para nuestro rostro, es saludable, esculpe nuestra fisonomía para que denote más juventud y simpatía y además nos predispone a una vida larga y feliz.
Otro punto importante es no esperar que el otro sonría primero, con lo cual sería fácil responder de la misma forma. Y tampoco suponer que siempre nuestra sonrisa será retribuida, ya que esto puede fallar. Es en este punto donde tenemos que cambiar nuestra costumbre y sonreír simplemente porque sí, como expresión de una actitud más feliz ante la vida que nos abrirá muchas puertas y cautivará a quienes nos rodean.
En palabras del escritor DeRose, “el mundo es como un espejo: sonreíle, y sólo verás sonrisas”.