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Reeducar las emociones para una vida más agradable

Con herramientas simples podemos tornarnos amos de nuestras emociones y canalizarlas hacia algo constructivo.

Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.

Solemos escuchar que no es recomendable tomar decisiones en pleno estado de emoción. También están quienes opinan que hay decisiones que deben tomarse “desde el corazón” y no con la razón. Pareciera que nuestra racionalidad y nuestras emociones están diametralmente separadas, pero en realidad pueden ser muy buenas amigas.

Los seres humanos contamos con un plano físico, formado por músculos, huesos, órganos, etc., un plano emocional, uno mental o racional, uno intuicional. Todos ellos interactúan, predominando en cada circunstancia las características de uno u otro. Por ejemplo, en una situación romántica es evidente que estamos más entregados a dejar fluir las emociones; en un contexto de estudio, en cambio, el plano emocional se aquieta para dar lugar a la concentración y al ejercicio del aprendizaje a través del intelecto.

Ahora bien: a veces no sólo no es tan claro qué plano predomina, sino que no sabemos o no podemos decidir desde dónde reaccionar o actuar. En general estos casos coinciden con situaciones en que se exacerban las emociones, ya sean estas livianas, interpretadas como positivas -por ejemplo, una gran felicidad- o densas, catalogadas como negativas -como los celos, la envidia, el miedo-.

En estado de exaltación emocional es más difícil recurrir a la razón para que actúe como un socio que equilibre la situación o la sensación que estamos teniendo. Volviendo al ejemplo de los tipos de emoción: una gran alegría, por el hecho de estar distraídos en medio de un festejo, tal vez puede provocar consecuencias no felices, como olvidar un objeto preciado en un lugar público (lo cual en definitiva no sería tan grave). Pero si la emoción que se ha intensificado es un sentimiento de celos, pueden desencadenarse actitudes o decisiones lamentables y hasta dramáticas, como vemos a diario en las noticias.

¿Qué podemos hacer en esas situaciones?

Lo primero que podemos hacer para reeducar las emociones es analizarlas previamente, fuera del momento de pico emotivo. Tratar de entender de dónde viene ese sentimiento para poder modificarlo, si lo deseamos, ejercitando una explicación racional que transforme nuestra interpretación emocional de determinadas situaciones y la torne más liviana, más lógica y más simple. 

 

Lo primero que podemos hacer para reeducar las emociones es analizarlas previamente, fuera del momento de pico emotivo. Tratar de entender de dónde viene ese sentimiento para poder modificarlo.

La segunda instancia es la puesta en práctica del ejercicio en el momento en que una emoción nos sobrepase, respirando profundo y acudiendo al mismo raciocinio que hicimos “en frío”. Se logra así que la mente sea un aliado que nos aclare el panorama, quitando emocionalidad y dramatismo a determinadas circunstancias.

Muchas veces esto funciona a la perfección, otras puede costarnos un poco más. Pero es la forma en que podemos tornarnos amos de nuestras emociones y canalizarlas hacia algo constructivo, incluso transformarlas en sus opuestos, cambiando odio por amor o tristeza por felicidad.