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Parar de pensar: alta performance y calidad de vida

Como el cuerpo necesita descanso, la mente necesita parar. Aquí los ejercicios para hacerlo.

Natalia Aramburú es
directora de la sede
Mendoza de
DeRoseMendoza.com.ar

¡Pensá, pensá, pensá! ¿Cuántas veces escuchamos esto en nuestras vidas? Muchas…

Desde niños somos estimulados a pensar, razonar, reflexionar, imaginar. Muchos avances y desarrollos conquistados por la humanidad están directamente ligados a ese ejercicio o capacidad que nos diferencia del resto de los animales. La capacidad creativa y de resolución de problemas es muy valorada e incluso se utiliza para medir la inteligencia de las personas según algunos puntos de vista. No solo en nuestra sociedad actual el pensamiento es protagonista, sino que desde épocas muy antiguas las personas pensantes (oradores, sabios, pensadores, filósofos) eran reconocidas, admiradas y consultadas.

Sin dejar de valorar esta habilidad distintiva del ser humano, la de pensar, hoy nos proponemos reflexionar sobre el ejercicio opuesto: parar de pensar.

¿Qué sería parar de pensar, y para qué lo haríamos?

Tal como el cuerpo físico necesita determinadas horas de descanso en las cuales bajan los niveles de actividad fisiológica -como la presión sanguínea o el ritmo de la respiración- para luego volver a la actividad y funcionar mejor, la mente, que a causa de los sueños no siempre reposa durante las horas en que dormimos, también necesita un descanso. Necesita aquietarse para luego tener un mejor rendimiento.

Existen técnicas de concentración que proponen enfocar la atención en algo específico y que, repetidas con regularidad, pueden reeducar nuestra mente para que logre aquietarse.

Si logramos que la mente se aquiete, al menos unos minutos por día, recargaremos nuestras baterías y al terminar el ejercicio tendremos una sensación muy agradable, como quien se desconecta unos instantes, casi como haberse tomado unas mini vacaciones. Más adelante podremos invertir el flujo de la percepción, y hacer que la conciencia fluya por un canal más sutil, más profundo, llamado intuicional.

Por otro lado, entrenando estas técnicas llegaremos a conocer algunos aspectos de nosotros mismos que el torbellino mental cotidiano nos oculta. Comparemos la mente con la superficie de un lago: si ésta se encuentra turbulenta, no nos permite ver el fondo y lo que hay en él. En cambio, si está en calma, podemos ver el fondo en detalle.

Al aquietar los pensamientos ocurre algo similar: llegamos a ver más profundo y a conocer desde otro lugar.

La propuesta es parar de pensar como un ejercicio consciente, no para desestimular el pensamiento en general, sino como una forma de aquietar ese plano o instrumento a voluntad por unos instantes, lo que traerá como consecuencia que la mente pueda luego enfocarse mejor en el trabajo, el estudio, la práctica deportiva, etc.


En este punto encontramos un obstáculo: nunca nadie nos entrenó en algo por el estilo. ¿Parar de pensar? ¡Imposible!

La mente es inquieta por naturaleza y en la actualidad recibe miles de estímulos visuales, sonoros, olfativos, etc. Sumados a lo que ya guardan nuestro aprendizaje y memoria, tenemos material para mantener la mente ocupada por minutos, horas y días infinitos.

Entonces, ¿cómo hacer para detener al menos unos segundos esa inestabilidad propia de la mente?

Existen técnicas de concentración que proponen enfocar la atención en algo específico y que, repetidas con regularidad, pueden reeducar nuestra mente para que logre aquietarse unos instantes. Son técnicas muy simples de explicar y tal vez no tan fáciles de ejecutar. Lo importante es realizarlas con continuidad, ya que de esa forma generamos un condicionamiento que no solo nos dará sensaciones muy placenteras sino que también nos permitirá desarrollar mejor la técnica a largo plazo y obtener mejores resultados, ampliando la capacidad de concentración en cualquier situación, reduciendo los niveles de estrés y proporcionándonos mayor claridad a la hora de tomar decisiones.

Lo importante es comenzar, por eso van aquí algunos ejercicios para poner en práctica:

1ª técnica

Sentándose en una posición cómoda y con la espalda derecha, cierre los ojos y respire de manera nasal, profunda y silenciosa. Visualice un triángulo. No deje que su pensamiento se disperse. Mantenga la imagen del triángulo nítida y sin interferencias, durante un minuto. Al día siguiente, dos minutos. Aumente el tiempo a razón de un minuto por día hasta llegar a veinte minutos.

2ª técnica

Sentado en una posición cómoda y con la espalda derecha, cierre los ojos y respire en forma nasal, profunda y silenciosa. Luego comience a contar mentalmente visualizando los números a partir del uno en adelante, hasta que no lo consiga más por falta de concentración. Aumente diariamente el tiempo hasta llegar a unos veinte minutos.