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Manos, manitas y manitos


Cuando hemos disfrutado de la lectura de la poesía de Gabriela Mistral, seguramente nos hemos deleitado con la siguiente:

 

 

 

Manitas de los niños,
manitas pedigüeñas,
de los valles del mundo
sois dueñas.

Manitas de los niños
que al granado se tienden,
por vosotros las frutas
se encienden.

Y los panales llenos
de su carga se ofenden.
¡Y los hombres que pasan
no entienden!

Manitas blancas, hechas
como de suave harina,
la espiga por tocaros
se inclina.

Manitas extendidas,
piñón, caracolitos,
bendito quien os colme,
¡bendito!

Benditos los que oyendo
que parecéis un grito,
os devuelvan al mundo:
¡benditos!

 

 

Para el diminutivo, son válidas las formas manito y manita. Lo habitual en la formación de los diminutivos de nombres que acaban en –a o en –o es que el sufijo conserve la misma vocal final del sustantivo, independientemente de cuál sea el género gramatical de este: la casa>la casita; el mapa>el mapita; el cuadro>el cuadrito; la moto>la motito; el problema>el problemita. En el caso de mano, excepcionalmente, se han generado ambas formas; así, manito, que mantiene la –o final del sustantivo, es la forma habitual en la mayor parte de América; y manita, que se ha generado atendiendo al género gramatical del sustantivo mano, y no a su vocal final, es la forma que se usa habitualmente en España y en México.

 

 

 

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.