La guardia del Central y la crítica situación de la salud en Mendoza
-
Te puede interesar
Kilómetro 0 de Mendoza: lo bueno, lo malo y lo horrible
|
Precisamente, un sábado por la mañana es cuando visitamos la guardia para ser testigos del movimiento.
Alrededor de las siete de la mañana, estaba en plena acción. En el interior, los profesionales corrían de un lado al otro tratando de dar asistencia a los accidentados viales que llegaban incesantemente y en la sala de espera, junto a los acompañantes de los asistidos, poco más de un decena de personas dormían pegados a las estufas y envueltos en sus bolsas y paquetes contenedores de sus escasas pertenencias.
“No son irrespetuosos ni provocan disturbios, sólo complican por el espacio. Quienes vienen a hacerse atender no tienen donde sentarse. Pero, entre las 8.30 y las 9 empezamos a despertarlos para que se vayan”, reconocen desde la admisión de la guardia.
Durante la gestión del Gobierno de Julio Cobos, con Armando Calleti como ministro de Salud, se advirtió este problema y se habilitó un albergue para estas personas, cerca del hospital, “pero dejaron de venir durante tres meses y después volvieron. Acá no sólo tienen una estufa al lado sino que tienen un médico. Muchos llegan lastimados o enfermos”, admiten en el hospital.
El personal del área de admisión asegura que los casos más comunes de atención son los provocados por accidentes de tránsito pero los que más complican el trabajo son los que llegan con sobredosis de drogas. “Llegan desesperados, quieren que se los atienda en el mismo momento que cruzan la puerta. A veces los médicos acá adentro están a "full", y ahí empiezan los problemas”, dicen.
Para el médico cirujano Ariel Herrera, Jefe de Guardia del nosocomio, quien accedió gentilmente a dialogar con MDZ, además de reflexionar sobre las serias falencias con que se debe trabajar, aportó algunos datos reveladores de la situación del sistema sanitario mendocino, reconoce que lo que más le llama la atención es la gran cantidad de personas que se asisten luego de intentos de suicidio.
“En el país, y obviamente en Mendoza, tenemos un problema social gravísimo. No hay principios, no hay valores, no hay contención. O sea, la familia no existe. Un adolescente se manda una macana y el padre en lugar de tratar de corregirlo, lo apoya. El mismo problema que existe en las escuelas, lo tenés acá. Hay médicos amenazados, que terminan haciendo una medicina totalmente a la defensiva. La misma persona que estás atendiendo, no sabés si te quiere pegar o qué”, profundiza el especialista.
De todas formas, el cirujano resalta el compromiso y la pasión que pone cada uno de los que trabajan en esta guardia, que atiende a cerca de 1 millón 400 mil personas. “Cuando entré, era el más joven y hoy soy el más viejo, con 35 años de edad. Está asegurado que nuestro equipo le pone mucha pila, muchas ganas de cambiar las cosas, de que esto funcione, con mucha autocrítica, con ganas de crecer y está claro que ninguno lo hace por plata. En mi caso, haciendo dos cirugías en forma particular, en un día gano lo que cobro por el mes completo en el Estado. Trabajo aquí porque el día que a un familiar mío le pase algo quiero que en esta guardia, que es dónde lo van a traer, lo atiendan de la mejor manera, y la única forma de conseguir cambiar las cosas, considero, es desde adentro”.
|
|
Aunque también reconoce que, generalmente, tampoco ayuda la gente. “De los más de doscientos pacientes que atendemos por día, cerca de cientocincuenta no tendrían por qué haber venido a este hospital. Entiendo también que si nos los atendemos acá, no habría dónde hacerlo. No está la cantidad de Centros de Salud abiertos que tendría que haber, los que están no tienen médico de guardia y si quieren hacer una placa tienen que venir a hacerla al Central. Pero, una angina, por ejemplo, no debe ser asistida en esta Guardia”, admite Herrera.
Pero más allá de eso, el problema pasa por los recursos con que se cuenta. “No tenemos los recursos necesarios. Con tres camilleros, te llegan siete politraumatizados y el panorama se complica. Y no es una situación rara, pasa todos los fines de semana. Llegan dos acuchillados, dos baleados, tres de un accidente de tránsito y ya está”, dice el profesional y lanza una voz de alerta sobre la infraestructura sanitaria provincial: “En toda la provincia, no tenemos la cantidad de camas de terapia necesaria. Hoy, Mendoza no está en condiciones de asistir un accidente con más de 15 politraumatizados graves en forma simultánea”.
Además, Herrera remarca la poca coordinación en el sistema. “Si por lo menos hubiese algo de coordinación, todas las mañanas tendrían que pasarnos un reporte de las camas disponibles y no que tenga que poner a un médico, dos o tres horas, a llamar por teléfono a los demás hospitales preguntando si hay camas o no”, señala.
Aunque día a día el presente lo pone a prueba, para Herrera siempre hay situaciones que lo empujan a replantearse el camino que sigue. Reconoce que los domingos a la mañana, cuando sale de la guardia, lo primero que hace es tomar un café y leer los diarios. “Te juro, cuando veo la publicidad Oficial, las declaraciones de algunos ‘personajes’ o los afiches de la calle, me dan ganas de tirar todo. Pienso que me están tomando el pelo, la realidad es otra”.
Para finalizar, el médico cirujano Ariel Herrera nos dejó una anécdota esperanzadora:
“Hace un par de semanas, se nos murieron tres pacientes. El ánimo que había en la guardia era dramático. Nos mirábamos a la cara y pensábamos ‘¿Qué hacemos acá? ¿Qué sentido tiene todo esto?’. Pero al rato, ingresó una mujer con trabajo de parto. Lo lógico es que vaya a otro hospital, pero por primera vez en mi carrera asistí un parto. He visto muchos, pero ayudar al bebé a salir era la primera vez. Después, nos reunimos todos y entre palabras de aliento, sonrisas y hasta algunas lágrimas, nos dimos cuenta que a pesar de todo lo malo que nos pueda pasar, siempre podemos sentirnos satisfechos con nuestra vocación”.