ver más

Desgarrador relato de una familia sin techo y sin ayuda gubernamental

Tras siete meses de haber sufrido el incendio de su casa, por un grupo de vecinos del barrio Olivares, la familia de Teresa González vive hacinada en una vivienda de un solo dormitorio. En total son 16 personas, entre ellos bebés y varios menores de edad, que duermen en cinco colchones tirados en el piso. "Es muy doloroso pedir ayuda y siempre ser discriminada", admite Teresa. Mirá un conmovedor video.

Teresa asegura que todas las denuncias y acusaciones que se hicieron sobre sus hijos, a los que apodan Los Monos, fueron todas infundadas y sostiene que en cada causa “que les achacaron, salieron sobreseídos”, como si fuese necesario excusarse de ello para pedir ayuda por la difícil situación que vive junto a su familia luego de siete meses sin casa y hacinamiento.

Es que en el enrarecido hecho por el que resultaron tres viviendas de su familia incendiadas por un grupo de vecinos, una de las versiones aseguraba que se debía a una venganza por el comportamiento delictivo de sus hijos. Pero, Teresa González argumenta que tanto los cinco encarcelados por los incendios como los otros tantos que siguen en libertad forman una banda que se dedica a la venta ilegal de drogas y que “domina el barrio”.

“Somos dieciséis personas las que vivimos en la casa de una mis hijas -a la que no alcanzaron a prenderle fuego la casa- y ya no podemos seguir así. Dormimos en el piso y tenemos un solo baño. Para colmo nos persiguen, nos amenazan y cada vez que pido ayuda, nos discriminan por las cosas que dijeron de mis hijos en los diarios”, relata Teresa.

La tensa situación que vivió junto a sus hijos dejó secuelas difíciles de olvidar y una de sus hijas, Fernanda, asegura que cada noche de estos siete meses que pasaron de aquel suceso siente miedo de que las llamas vuelvan a rodear a su bebé, que en aquel entonces tenía dos meses de vida y fuese salvada de milagro al ser sacada por una ventana.

“Al menor ruidito, saltamos todos del piso. Tenemos miedo. Nadie sabe todo lo feo que vivimos, estábamos adentro del fuego y esos tipos seguían echándole nafta a mi casa”, resume Teresa, quien es contratada de la Municipalidad de la Capital, para la limpieza de plazas, y los 700 pesos de sueldo básico que percibe no le alcanzan “ni para los pañales de mi nietita”.

González admite que ha peregrinado por diferentes organismos y despachos pidiendo ayuda para sacar adelante a su familia “pero nadie me atiende. Es muy doloroso pedir ayuda y siempre ser discriminada”.

A su vez, y para agregar otro condimento a esta trágica historia, Teresa cuenta con resignación y dolor que una de sus hijas “recibía los nutrivales, pero en un control vieron que había subido tres kilos y se los quitaron”.

“Estoy cansada de dormir en el piso”, reconoce Fernanda, quien también sin trabajo sale a cuidar coches los fines de semana y vende limones cuando su madre se queda con su hija y sus hermanos.

“¿Qué puedo hacer? Soy conciente de que nunca más voy a poder comprarme las cosas que me incendiaron. Por lo menos, que alguien me ayude a sacar a mi familia de ahí. Quiero irme de ese barrio”, concluye Teresa.