Axel Kicillof y la triple presión que tiene que afrontar con Massa, Máximo y Javier Milei
No hay plata. No hay confianza. El don pirulero del peronismo kirchnerista renovador, antiguamente agrupado en Unión por la Patria, empieza a mostrarse con algunos gobernadores e intendentes tratando de ofrecer sus buenos oficios tanto a los libertarios que dicen combatir, como a los antiguos peronistas con quienes nunca se cruzaron en una discusión pública pero se molestaban cuando le armaron listas en sus distritos.
El ministro del Interior, Guillermo Francos, es el receptor de los llamados más sorprendentes. Apenas cuatro meses después de la elección que lo llevó al poder, el funcionario suele ser descolocado con algunas de las propuestas que le realizan no sólo gobernadores que saben que sin el auxilio del Estado pueden sufrir mucho la crisis económica, sino también algunos intendentes que ya han sabido cortar boleta en el pasado reciente con tal de sobrevivir holgadamente en su municipio.
El gobernador Axel Kicillof, quien ya tiene bastantes problemas con la quita de los recursos nacionales realizado por Javier Milei de aquellas partidas extraordinarias que le habilitó el binomio Alberto Fernández y Cristina Kirchner, ahora debe ver cómo le reclaman sus propios aliados por mejores condiciones y lugares en el gobierno que él debe conducir.
Malena Galmarini de Massa, por ejemplo, exteriorizó la bronca de su conductor político y padre de sus hijos al divulgar que Sergio había sacado más votos que Kicillof en las elecciones de octubre pasado. No solo no fue así, sino que profundiza la distancia que se ya se produjo entre los candidatos de Unión por la Patria luego del ballotage.
Massa cree, no sin elementos que lo confirmen, que gracias a su esfuerzo, y prometiendo mucho más de lo que la economía le permitía, hizo que muchos municipios que antiguamente eran administrados por Juntos por el Cambio ahora tengan un intendente peronista kirchnerista renovador. Y entiende, por eso, que debía haber sido convocado por el gobernador para discutir el gabinete que él armó en diciembre. Eso no pasó.
La ratificación de Jorge D´Onofrio como ministro de Transporte fue la única concesión realizada por Kicillof al Frente Renovador. Y si bien ahora Malena Galmarini sostiene que no quiere ningún cargo para estar libre y poder seguir hablando, hubo una decisión previa del gobernador: brindarle la conducción del Grupo Banco Provincia pero menguado, con un escuálido manejo y estructura, que significó casi una ofensa para la expresidenta de AySA.
Por eso ahí continuará Gustavo Menéndez, el intendente de Merlo que llegó a ese lugar luego de la intervención realizada en 2021 por Máximo Kirchner a la gestión provincial. Era necesario que Kicillof contuviera a los jefes territoriales que nunca había incorporado. Es el único sobreviviente de aquella jugada. El otro jefe comunal, Leonardo Nardini, de Malvinas Argentinas, volvió a su distrito con más de una factura en su poder.
Sin embargo, nadie es más memorioso que Massa a la hora de decidir. En eso es casi idéntico a los Kirchner, que pueden conciliar para un momento determinado, pero nunca olvidar. En la lista del tigrense están viejos aliados con los cuales ahora prefiere ni nombrarlos.
“Los intendentes saben con qué pueden contar y con qué no. Algunos se sobrepasaron de la raya con las tasas que inventaron y van a estar en la picota durante mucho tiempo”, dijo uno de los jefes comunales que más tranquilo se siente. En su municipio no debió armar tasas como la de la reutilización de neumáticos o la instalación de las redes domiciliarias de gas como sí lo hizo Leonardo Boto, de Luján o instaurar la ya vigente en otros lugares Tasa de Vial y la de Protección Medio Ambiental.
Las tasas, siempre, constituyen una contraprestación de servicio. Si un municipio aprueba una obligación fiscal ésta siempre debe estar relacionada con una labor de la comuna sobre ese ítem. En estos casos, y en varios más, la capacidad municipal está más que en duda. Es un invento.
Días atrás, un jefe comunal peronista se quejó que “mi propio gobierno, con sus funcionarios, me mientan en la cara. Vienen, hacen una foto, me entregan el equipamiento, pero luego se lo llevan supuestamente para homologarlo. ¿Por qué no lo traen directamente cuando pueda usarlo?”, se quejó poco diplomático.

Sucede que muchos ministros están obligados a la sobreactuación y la “contención”, que en política es “prestarle el oído, pero no la plata”. La administración provincial cerró con un déficit corriente de casi dos masas salariales. A eso se le sumó la quita de los fondos especiales que le giraba el anterior gobierno para impulsar al gobernador y su gestión. El Fondo de Fortalecimiento Fiscal, los ATN y otros programas especiales dispuestos exclusivamente para la Provincia de Buenos Aires no están más.
“Esos son otros $600.000 millones de pesos. No pueden endeudarse porque el gobierno de Milei no se lo aprobará, Entonces, a la angustia del cierre del año pasado, se le deben agregar todos estos elementos”, le dijo a MDZ el senador provincial Marcelo Daletto, para quien la situación se agravó porque durante cuatro años se incorporaron casi 100.000 trabajadores a la planta de personal, entre el área de Salud y la docencia, fundamentalmente.
Para el senador, aliado de Emilio Monzó, “para despegarse de Milei, Kicillof se encerró más al decir que iba a seguir con su política de Estado Presente y para contener a los gremios ya dio tres aumentos en el trimestre. Si hubiera dicho de entrada que él tampoco tenía plata, como todos sabíamos, no estaríamos pensando qué pasará después de julio”.



