El fabricante de tiempo, el instinto de supervivencia y la amenaza latente
“La lógica indica que por procedimiento esto no puede terminar bien. No digo por el rumbo, sino por cómo hacen las cosas”. La lectura de un experto de la política es un reflejo de cómo diferentes actores están mirando el avance del gobierno de Javier Milei. El manejo de la administración pública no parece ser el fuerte de una gestión que está concentrada sobre todo en la economía y la seguridad. El resto de las áreas quedan relegadas a un segundo plano, y en algunos casos, incluso, con llamativas muestras de desinterés.
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Y la política está claro que tampoco es el fuerte del gobierno de Milei. Por lo menos no entendida en la lógica tradicional. Hubo señales que en el Ejecutivo no quisieron o no pudieron escuchar para evitar la derrota en el Senado del mega DNU. Un senador no kirchnerista cuenta en la intimidad que no recibió ningún centro, nada. No lo dice en términos de intercambio de favores, sino de la falta de interlocutores para que expliquen cuestiones del DNU. Buscó tender puentes con diferentes terminales del gobierno pero todo resultó infructuoso. Terminó votando en contra del decreto 70/2023.
Este ejemplo sirve como muestra de un modus operandi del gobierno en donde el diálogo puede existir a la hora de negociar la letra chica de una proyecto de ley pero no como método de construcción política. La promesa de cargos en delegaciones nacionales en las provincias (donde todavía hay muchos designados por La Cámpora) o el intercambio de votos para proyectos de ley son cosas impensadas en la lógica libertaria. Tampoco existe el típico café de rosca, donde el visitante por lo menos se siente escuchado y tenido en cuenta. Esos son los métodos de la casta.
Ese comportamiento llega incluso al punto, por ejemplo, de que el propio Milei no quiere reunirse con empresarios. Busca evitar cualquier tipo de influencia o dar una imagen corporativa. Alguien tiene decidido invertir, pide ver al presidente para conocerlo y se lo niegan. “Milei viene a romper el sistema, por eso le gusta jugar al loco”, dicen en Casa Rosada.
Su lógica está todo el tiempo basada en ir al choque contra el status quo, contra cualquier sector que haya tenido algún grado de influencia en las últimas décadas, ya sea del sector político, empresarial, periodístico, sindical o judicial. La casta. Aunque tenga en su gobierno o sus bloques representantes de esa casta, hay algo que Milei no se permitirá perder nunca y es esa imagen de que está combatiendo a todo aquel que se le pueda endilgar responsabilidad en cómo está el país.
“Pero no está loco, eh”, aclaran, “tiene bien en claro cómo quiere hacer las cosas”. Hasta Mauricio Macri, en un discurso en la Fundación Libertad, confesó que una de las preguntas que más le hacen es si Milei está loco o no.
El instinto de supervivencia
Esta semana será clave para Macri, que volverá a los primeros planos, confirmándose que será presidente del PRO. El martes 19 cierran las listas y, de no mediar sorpresas, encabezará un esquema de unidad. El expresidente apoya a Milei y está convencido de que el rumbo es el correcto, aunque se sigue comiendo algunos chascos en el armado del gabinete. No logra entender, por ejemplo, porque algunos nombres que propuso no fueron tenidos en cuenta, tratándose de segundas, terceras o cuartas líneas. Gente con experiencia de gestión que considera que hubiesen servido para hacer funcionar al gobierno desde el primer día.
Para adelante tendrá que diseñar una estrategia para avanzar en un entendimiento con La Libertad Avanza de cara a 2025, con la dificultad de hacerlo manteniendo centralidad y no yendo de segundo de los candidatos de Milei. No será una tarea fácil: a oídos del PRO ya llegó el mensaje de que el libertario quiere tener candidatos propios en todo el país y que solo estaría dispuesto a dejarle la prioridad al partido amarillo en la Ciudad. Tiene a Eduardo “Lule” Menem abocado a esa tarea. ¿Habrá negociación posible o el armado de listas será igual al del gabinete?
Una de las incógnitas que se terminará de revelar con el cierre de listas es que espacio tendrá Horacio Rodríguez Larreta en el PRO. Fuentes del partido ratifican que a pesar de las críticas que lanzó a Macri aceptó que su sector integre la unidad. Habrá que ver con qué nombres y en qué lugares. Así, se dilata la idea que algunos tenían de que el exprecandidato a presidente iba a romper para armar su propio espacio. Su vínculo con Macri, al parecer, sigue siendo tormentoso para Larreta.
Ese armado propio, centrista, indudablemente lo encontraría con Martín Lousteau, entre otros. El presidente de la Unión Cívica Radical terminó teniendo un protagonismo central en el debate del mega DNU en el Senado. De 13 senadores, solo él y Pablo Blanco, de Tierra del Fuego, votaron en contra. El resto del bloque radical votó a favor (y Maximiliano Abad se abstuvo).
Sorprende que el presidente de un partido termine votando diferente a la mayoría de su propio bloque. Son los efectos de la crisis interna que vive la UCR, en la que Lousteau llegó a la presidencia del Comité Nacional en base a un acuerdo con Gerardo Morales, pero ahora diversos sectores se muestran reacios a seguir su conducción. Le costó mucho al senador que los correligionarios lo acepten como radical, y ahora le está costando que acepten su liderazgo.

Sobre todo tiene problemas con los gobernadores. Ya el correntino Gustavo Valdés se había despachado mediáticamente con un “me importa un carajo lo que piense Lousteau” (después de haber recibido a Milei). Ahora, cuatro de los cinco gobernadores del centenario partido firmaron una carta tomando distancia, sin nombrarlo, del voto negativo en el Senado (solo Maxi Pullaro no firmó, ya que es de su línea interna). El mensaje fue claro: “Respetamos el camino que eligieron los argentinos con un claro mandato de cambio”.
La discusión que quedó expuesta esta semana es la que vienen teniendo puertas adentro desde el comienzo del gobierno libertario. “A mi nuestros votantes me dicen: ‘Es cierto, Milei putea a Alfonsín y no nos gusta, pero lo tienen que ayudar’”, cuenta una fuente radical. Los números son claros: el votante radical mayoritariamente eligió a Milei en el balotaje. Y eso en el partido lo saben.
Pero otros, en cambio, no quieren saber nada con quedar pegados a Milei. “Lo que correspondía a la historia del partido es que los 13 senadores voten en contra”, dicen cerca de Lousteau, para quien “no hay que llenarse la boca con Alfonsín, sino leerlo y actuar en consecuencia”. Y ahí es cuando los correligionarios se empiezan a medir el nivel de radicalismo y alfonsinismo en sangre.
Uno de los problemas para Lousteau es que preside un partido que no tiene saldada la discusión sobre qué rol ocupar durante la gestión de Milei. El otro problema es que su sola presencia en el debate público despierta la ira del ejército libertario. En Casa Rosada, mientras veían la sesión en el Senado repetían: “Milei va a salir a destrozarlo”. Y así fue. Lo mínimo que hicieron es compararlo con Cristina Kirchner y recordar su paso como el ministro de Economía de la 125.
Lejos de amilanarse, Lousteau redobla la apuesta al punto de quedar descolocado con sectores de su propio partido. “Es su instinto de supervivencia”, dice uno de esos políticos que habla con medio mundo. Si Milei lo quiere muerto políticamente, no tiene ningún sentido que Lousteau imagine su futuro cerca del espacio libertario. Y eso lo emparenta directamente con Rodríguez Larreta, otro de los que el presidente no puede ni ver. ¿Habrá lugar en 2025 para el surgimiento de una alianza del medio? ¿Si el PRO no cierra con LLA puede resurgir un Juntos por el Cambio? ¿O se puede empezar a generar como en Brasil entre Lula y el PSDB un entendimiento entre el kirchnerismo y un sector del radicalismo de cara a 2027? Falta una eternidad, sobre todo para una economía que hasta los más optimistas están todavía expectantes y con una dinámica política donde el tiempo pasó a ser un factor determinante.
El fabricante de tiempo
Mientras se propone romper el sistema, Milei necesita también ganar tiempo. Sobre todo para que la inflación siga bajando y la economía empiece a repuntar. Por eso la confrontación permanente le viene permitiendo surfear estos tres meses de gestión sin que su imagen se resienta. El problema es que ese camino no está exento de que surjan tensiones internas. La pelea con Victoria Villarruel es un secreto a voces en LLA.
Todas las miradas apuntan a Karina Milei, pero el propio presidente venía cruzado con ella. Cuentan incluso que se ofuscó con su llegada tarde a reuniones de gabinete, algo que lo saca de sus casillas. Según explicó ella, una vez fue por el tránsito y otra porque volvía de Córdoba en un vuelo comercial. Lo cierto es que la vice ya no llega tarde a esas reuniones, porque ni siquiera va.

La decisión de incorporar el mega DNU en la sesión de este jueves cayó mal en la Rosada. Había un entendimiento de que no tenía mucho margen, pero más de uno considera que podía esperar un par de semanas más. Sobre todo para ver si podían avanzar las negociaciones por la ley Bases y el acuerdo fiscal. “El problema es que cuando perdés confianza cualquier cosa afecta”, definen cerca de Milei.
De todas formas, la decisión que bajó el propio presidente fue “bajar el tono”. Es que la necesidad principal para el gobierno es avanzar en el diálogo con los gobernadores y la oposición más dialoguista, no distraerse con la interna. No por convicción propia, sino por un pedido de afuera.
Es el FMI y los grandes agentes económicos los que quieren ver si Milei logra tener apoyo político para su paquete de reformas o su impulso pende de un hilo que irá siendo cada vez más delgado. Para que la economía empiece a repuntar con más velocidad es necesario salir del cepo. Para eso, no solo es necesario que las reservas netas queden en positivo, sino que el gobierno está buscando fondos frescos, tanto del FMI como de grandes inversores privados. Ya lo reconoció el propio Milei, quien también dijo que la idea es salir del cepo a mitad de año. Cuentan que en realidad se imagina que en abril o mayo podrían lograrlo.
Pero para eso necesita que la ley Bases recauchutada y el acuerdo fiscal sean aprobados en el Congreso. Las negociaciones con los gobernadores, borradores en mano, ya están en marcha. Con algunos bloques parlamentarios también. A diferencia de lo que pasó en el primer debate, el gobierno parece haber aprendido y focalizó la discusión en asuntos que están directamente ligados con lo económico. Necesita anotarse un triunfo.

Y los gobernadores también necesitan que la negociación llegue a buen puerto, porque las cuentas fiscales están cada vez más asfixiadas. Esta vez, sin embargo, se guardaron una amenaza latente. El rechazo al DNU del Senado dejó a las provincias y algunos bloques con una prenda de negociación fuerte que antes no tenían: si se vota en contra en Diputados, el decreto pierde vigencia.
Es cierto que Milei, aunque pierda el DNU, intentará instalar que se trata de otro freno de “la casta” a su proyecto reformista. Pero el fabricante de tiempo no tiene mucho más margen para seguir confrontando sin conseguir ningún resultado. Es un juego donde todos tienen mucho para ganar pero también para perder: el gobierno nacional necesita una señal de acuerdo; las provincias no quieren entrar en una confrontación inconducente.
Esa amenaza latente de los gobernadores obliga al gobierno a negociar, para que no se caiga el DNU y para recibir fondos frescos para que se reanime la economía. Al fin de cuentas, su supervivencia también estaría en riesgo si la crisis se profundiza. Mientras tanto, sin embargo, seguirá torpedeando para romper el sistema, porque tiene la necesidad de seguir ganando tiempo con la sociedad. Aunque ahora lo haga con misiles más calibrados. La pelea con Lousteau logró algo insólito: que Milei termine elogiando a un sector del radicalismo.

