Las dudas de Axel Kicillof frenan las decisiones de quienes quieren competir contra Cristina Kirchner
“Vamos a hacer de cuenta que es un paracaidista. Lo vamos a envolver, lo asomamos a la puerta del avión y que decida. Si no lo hace, lo tiramos nosotros”, comenta y se ríe con ganas uno de los que pretende que Axel Kicillof de una vez por todas se emancipe de Cristina Fernández de Kirchner y, mucho más, de su hijo Máximo.
Algunos se entusiasman, inclusive, conque en diciembre le devuelva la “intervención” de su gabinete tres años después y disponga la salida de todos los ministros y secretarios que militan en La Cámpora o sus aliados, como el Movimiento Evita, Nuevo Encuentro y otras organizaciones internas.
A la par, casi con el mismo ahínco que le piden que se emancipe, están los otros que prefieren convivir en las turbulencias de ambas márgenes sin llegar a romper. Son los amantes de estirar los tiempos hasta que “pase algo que acomode todo”.
Como muchas veces suele pasar en política, de los dos lados hay parte de razón. Pero mientras que en el primero el campo que se abre es mucho más amplio que el que si mantendría el status quo, en el segundo buena parte de quienes quieren apoyarlo lo podrán hacer sin preocuparse de lo que pase en sus territorios. Le temen más al armado de La Cámpora y los seguidores de Máximo en sus territorios que a cualquier otra cosa.
Algunos hacen equilibrio para aparecer amplios y componedores. Parecen no reparar en las experiencias pasadas, donde los ahora conducidos por la ex presidenta y vice de la Nación no reparan en gestos. “O te encolumnas o te matan”, dice siempre Juan Zabaleta, que los conoce como pocos y por enfrentarlos sufrió una derrota que lo sacó del poder municipal en Hurlingham.
Hoy las elucubraciones se dividen en ir a una interna en la que compitan las diferentes corrientes o, directamente, participar con fuerzas divididas directamente en las elecciones generales. “Algunos entienden que sería bueno quedarse con parte de la herencia de los padres. Y otros creemos que eso ya no sirve más y tenemos que usar otra ropa y vivir en otro lugar”, ejemplificó uno de los más activos analistas que habla con todos los sectores.
La discusión política entre los intendentes Jorge Ferraresi y Mayra Mendoza es original por lo infrecuente. Dos referentes de la misma zona y con un pasado casi común ahora se declaran enemigos íntimos. Se pasan facturas por las gestiones, se reclaman plata judicialmente y se fracturan los bloques en los concejos deliberantes, algo increíble en la historia peronista reciente.
Los municipios que maneja un “compañero es como la esposa de un amigo. Aunque te guste, sabes que tiene bigotes y no podes avanzar”, ejemplifica un experimentado jefe comunal hoy casi retirado.

Kiciillof dicen tener decidido su plan de acción futura. Cuentan algunos que lo frecuentan que por primera vez se dio cuenta que no es Máximo sino la mismísima Cristina la que organiza las manifestaciones en su contra. Por eso, por primera vez, se entusiasman que los raptos de desilusión y bronca terminen generando una ruptura que otros que siempre lo cotejan no ven.
A todos les manifiesta su firmeza en cuanto a lo que desea hacer pero las limitaciones aparecen cuando se le pregunta qué hará con respecto a sus antiguos aliados y tutores. “Cristina y Máximo lo van a limar hasta el extremo. Si no se diferencia, no existe”, confía un ministro.
Esta ambigüedad se demuestra en temas mínimos como podría ser la salida de un ministro muy dañado ante la opinión pública. Jorge D´Onofrio, el encargado de Transporte en la Provincia, está siendo sacudido por el manejo irregular de las recaudaciones producidas por el sistema de fotomultas. "Quien no puede lo menos, no podrá jamás lo más", dicen quienes no lo quieren al gobernador.
D’Onofrio llegó al gabinete provincial por decisión de Sergio Massa hace más de tres años. Sin embargo, en los últimos tiempos, la relación entre ambos se enfrío extremadamente. Ahora el ex candidato presidencial de Unión por la Patria está esperando que Kicillof nomine a la persona que ya le propuso. El gobernador, en cambio, quiere que Massa saque a quien puso.
Son estas situaciones las que alejan a la mayoría de la dirigencia del gobernador. Lo ven dubitativo, esquemático y con extremas cavilaciones para iniciar un camino que renueve al peronismo kirchnerista, como el que encabezó en su momento Antonio Cafiero y, más adelante, el propio Massa.
Nadie lo quiere decir, pero a veces las dudas inundan las almas de los que quieren pelear. Tienen muy presentes los estilos como los de Daniel Scioli, que perdió todo lo que tenía por jamás enfrentarse a Cristina y a Néstor, aunque estos lo asfixiaban presupuestariamente todos los meses.
Cerca del gobernador, sin embargo, invierten la carga. “Vos conoces mucho a todos los protagonistas. ¿Ves algún intendente tan valiente que se atreva a poner en riesgo su municipio en una fractura para venir a seguir un proyecto presidencial como el de Axel?”. La respuesta es inequívoca: no abundan los audaces, salvo los que ya decidieron romper filas como Ferraresi, Mario Secco, Julio Zamora, Fernando Gray y Julio Zamora. Pocos para iniciar la lucha por la independencia máxime cuando ninguno tiene legisladores que puedan bancar la parada en la gestión provincial.


