El viejo nido de nuevos candidatos y la devaluación del sillón de San Martín
Omar Parisi es una buena síntesis, una más, de la versatilidad de la política mendocina. Es "nacido y criado" en el Partido Demócrata, fue intendente de Luján por ese partido tras ser mano derecha de Omar De Marchi, se cruzó al peronismo y, en el plan, al kirchnerismo furioso. Hoy es el candidato de La Cámpora y presiona a los intendentes del PJ. Las dudas sobre las candidaturas en el principal partido de oposición habla no solo de la ecléctica dinámica política, sino también de la devaluación de las aspiraciones del peronismo y hasta la subestimación del sillón de San Martín
A Parisi le reconocen muchas virtudes, pero su trayectoria política reciente no parece estar a la altura de un partido que aspira al poder. La Cámpora pasó de postular a una de las dirigentes políticas más influyentes del país y con más estructura en Mendoza, como es Anabel Fernández Sagasti, a un ex presidente del Instituto Provincial de la Vivienda con poco arraigo territorial. "Se van a sorprender. Estuvo en la actividad privada y ha recorrido mucho", aseguran. Incluso, las primeras líneas del kirchnerismo quieren sostener la fórmula y ponderan la posibilidad de que haya PASO.
Otra particular coincidencia. La oposición mendocina tiene el mismo nido: buscan renovar la política habiendo surgido de la cantera del Partido Demócrata; allá lejos en el tiempo. Omar De Marchi es el dirigente más relevante en ese plano. Surgió del PD, fue díscolo en ese partido, fue candidato a Gobernador con ese sello y migró al PRO de Mauricio Macri, partido que se convirtió en el "primo mayor".
Jorge Difonso también surgió del mismo partido, que era para él una tradición familiar pues su hermano también fue un reconocido dirigente ganso. Difonso armó su propia estructura en San Carlos, con alianzas solo ejecutables en esa zona. Se acercó a Rodríguez Saá y luego a Sergio Massa, con quien tiene una relación política y personal. Incluso, aseguran, ese vínculo sigue vigente. Con De Marchi tienen una afinidad política que fluye en la nueva etapa de ambos. Incluso podría servir para ampliar las lista y la territorialidad de "La unión mendocina", la alianza opositora que ya reúne dirigentes del PRO, de la UCR, del PJ y del massismo, además de independientes.
La fórmula
El Frente Elegí tiene en realidad cinco candidatos que dijeron querer competir. Nicolás Guillén, de la izquierda, Alfredo Guevara, del kirchnerismo más duro, Guillermo Elizalde, del albertismo, Martín Hinojosa, que se lanzó y tuvo mucho menos apoyo del que él esperaba. Ahora Parisi que, aseguran, no es "muleto" (como originalmente habíamos comentado).
El peronismo mendocino está en una etapa tan dramática que ni el quiebre de Cambia Mendoza alienta su ambición. En el núcleo duro nadie se pone el sayo y negocian a la negativa: qué aire tendrán a futuro tras sacrificarse con la postulación en 2023. En 2007 el radicalismo se rompió, tuvo dos candidatos (uno por el kirchnerismo radical liderado por Cobos, Biffi y Cornejo) y otro por la UCR. Celso Jaque era el candidato del PJ y hasta tuvo problemas para armar la lista. Recuerdan los memoriosos que el compañero de fórmula, Cristian Racconto, lo sumaron a último momento y con lapicera porque nadie quería ser. Jaque fue electo Gobernador, aún a pesar de esas contingencias y que no tenía equipo para cubrir todos los cargos del Poder Ejecutivo.
Cambia Mendoza le dio una oportunidad extra al peronismo con su ruptura. Pero parece pesar más el ancla nacional, la desorientación local y la falta de liderazgos, algo que pesa sobre ese sector desde hace tiempo. En 2007 llegó al poder gracias a la ruptura del radicalismo. En 2011 gracias al arrastre de Cristina. Ambos anabólicos sirvieron para disimular la crisis generacional que tenía. La Cámpora, que había sido marginada por los peronistas, creció en estructura y organización y es el único sector orgánico que mantuvo una estrategia. Por eso también se quedó con el poder interno, aún teniendo un techo de crecimiento. Su trampolín, Cristina, también es su lastre.
Roberto Righi es el apuntado para ser el candidato de la desunión disimulada, pero se hace rogar. Alejandro Bermejo es postulado y se promociona como alternativa. Anabel Fernández Sagasti, corrida de las primeras líneas, mira. El cuarto piso de Casa de Gobierno parece muy alto aún.



