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La extrema derecha tiene que aprender a aceptar las elecciones

Hamilton Almeida es periodista en Brasil y analizó para MDZ el intento de golpe. La intransigencia de los militantes de Jair Bolsonaro y las consecuencias legales que sufrirán quienes tomaron el Congreso. Su mirada.

Lo que motivó la invasión y destrucción de edificios de los 3 poderes de la República en este domingo (Palacio do Planalto (Ejecutivo), Congreso Nacional (Legislativo) y Supremo Tribunal Federal (Poder Judicial)) fue la intransigencia de la extrema derecha brasileña, los bolsonaristas, que no aceptan de ninguna manera el resultado de las elecciones presidenciales.

Paradójicamente, dan por válidas las elecciones de gobernadores, diputados y senadores bolsonaristas, pero no la elección del presidente Lula, que derrotó al expresidente Jair Bolsonaro por una diferencia de unos 3 millones de votos. Tras la derrota de Jair Bolsonaro, a fines de octubre, bolsonaristas radicales acamparon frente a cuarteles en varias regiones del país, protestando por el resultado de las urnas y llamando a la intervención federal, es decir, a la instalación de una dictadura militar.

Es la primera vez en la historia que sucede algo de esta naturaleza y con violencia sorprendente. La invasión era predecible. Algo se supo, a través de las redes sociales, de que decenas de autobuses se dirigían a Brasilia. Y no eran solo para manifestarse, sino para destruir.

La policía del DF no actuó (el gobernador, hoy alejado, es simpatizante de Bolsonaro; el secretario de seguridad, exministro de Bolsonaro, coincidentemente estaba de viaje en los Estados Unidos, donde está Jair Bolsonaro desde que huyó de Brasil, días antes del final de su mandato, para no entregar la banda presidencial a Lula.

Por todo esto, se decretó la intervención federal en el gobierno del Distrito Federal y más de doscientos vándalos fueron detenidos en el acto (cifra baja) y muchos otros enfrentarán procesos penales. A los infractores se les aplicará la ley antiterrorista.