El hombre que desapareció por segunda vez en pleno Gobierno K
Un 18 de septiembre de 2006, hace exactamente 16 años, Jorge Julio López desapareció. Ya había sido detenido/desaparecido el 27 de octubre de 1976 por fuerzas de seguridad que en plena dictadura entraron a Los Hornos (La Plata) a secuestrar a los militantes del barrio. López, quien fue liberado en 1979, decidió declarar décadas después como testigo en los juicios por los crímenes de lesa humanidad contra el fallecido represor Miguel Etchecolatz. Un día antes de la condena al exsubjefe de la policía bonaerense, a López no se lo vio más.
El grito sigue siendo el mismo. ¿Dónde está Julio López? Detrás de esa pregunta, hay silencio, muchas veces un silencio ensordecedor. “Hace muchos años que está estancada la investigación judicial”, dijo a MDZ Rubén López, uno de los dos hijos de Julio. “No hay muchas razones, lo que siempre pensamos es que hay un pacto de silencio”, asegura.
La palabra silencio vuelve a replicarse. Cuando Rubén y su hermano Gustavo eran niños, López mantuvo en reserva todo lo que vivió durante su primera desaparición. “Nosotros nos enteramos en la declaración que hizo en el juicio hace 16 años. Él era un tipo comprometido con sus compañeros de lucha y lo demostró. Pero siempre nos preservó de todo lo que había vivido”, continúa Rubén.
Toda su vida fue albañil. Nació un 25 de noviembre de 1929 en General Villegas, provincia de Buenos Aires. Hizo hasta sexto grado para dedicarse a trabajar para llevar dinero a su casa. Tenía cinco hermanas mujeres.
Fue uno de los primeros peronistas, de antes de los años 50. En 1955, cuando se instauró la llamada Revolución Libertadora dejó su pueblo natal por temor a ser detenido y se fue a vivir a Los Hornos.
En La Plata, en 1973 con más de 40 años de edad y con el Héctor Cámpora como presidente, se acercó a Montoneros. El 27 de octubre de 1976 un grupo al mando de Etchecolatz lo secuestró de su casa.
El libro “En el cielo nos vemos, la historia de Julio López”, escrito por Miguel Graziano, relata: Durante la noche del 20 o 21 de diciembre de 1976 los fueron a buscar.
Julio Mayor, levántese, dijo el oficial.
Julio López, levántese, agregó.
Ellos se miraron, Mayor le dijo:
-Cagamos viejo, en el cielo nos vemos.
A las tres de la mañana, encapuchados junto a María Hebelia Sanz, los subieron a un viejo Mercedes Benz.
López estuvo detenido en cuatro centros clandestinos. Fue testigo del fusilamiento de muchos de sus compañeros. Junto a Sanz y Mayor sobrevivieron a la dictadura.
Durante los 90, cuando se abrieron los juicios de la Verdad ante la imposibilidad de avanzar demasiado tras las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, pudo declarar como testigo por primera vez.
López se presentó para testimoniar sobre lo ocurrido con Patricia Dell Orto y Ambrosio de Marco, compañeros de militancia en una Unidad Básica en Los Hornos. Relató los secuestros y torturas ocurridos en los centros clandestinos de detención del circuito Camps, el nombre que se le dio al conjunto de los centros clandestinos dependientes de la policía de la provincia de Buenos Aires. El relato fue replicado por el portal La Vaca.
Presidente: Que más puede relatar, acerca de las condiciones de detención de éstas dos personas…
López: Bueno, yo le voy a decir más o menos, como yo me acuerdo…
Presidente: Las vio en una sola oportunidad o varias veces, durante ese periodo…
López: La vi en una sola oportunidad, y estuve con ellos un rato…
Presidente: Cuanto rato, cuanto tiempo…
López: 15 minutos… y me dijo anda a reconocerla… lo que le hicimos a ella te lo vamos a hacer a vos… esté día fue el día que tiraron, no sé si usted recuerda una bomba en la Jefatura de Policía… yo no recuerdo el día porque yo no sabía en el día que en encontraba ahí adentro y a la chica a las 6 de la tarde, vino una patota y la mataron de un tiro y nosotros estábamos mirando ahí en el Pozo de Arana por la mirilla cuando la mataron, la mato un señor que hablaba gangoso… gan… gan… una forma así, no sé si lo hacía a propósito, o que… después lo mataron al paraguayo y también al Pato, a los tres juntos…
El 21 de agosto de 2003, el Senado de la Nación convirtió en la ley la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que impedían que se juzgue a los responsables de los delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico-militar.
Hacía sólo cuatro meses que Néstor Kirchner había asumido como presidente y esa fue una de sus primeras medidas en defensa de los derechos humanos.
El 28 de julio de 2006 López declaró en el juicio contra Etchecolatz. El 18 de septiembre de ese mismo año, y un día antes de que el represor fuera condenado por las múltiples desapariciones y crímenes, López se esfumó.
“No hay muchas pistas”, sostiene su hijo. “Hay gente que no sabe o no quiere saber”, agrega. Estos años fueron difíciles. Los distintos gobiernos que pasaron, empezaron por el de Kirchner, “acompañaron” de algún modo a la familia, cuenta Rubén. Pero claro, todos fueron gestos políticos que no los acercaron a la verdad.
En los últimos días, Rubén junto a un grupo de estudiantes y profesores de la Facultad de Artes de la Universidad de La Plata estuvieron trabajando en un mural entre las calles 140 y 69, como se nombran en la capital bonaerense. Hoy será descubierto.
Mañana el Gobierno nacional hará un acto en la ex Esma.
“Sin López no hay nunca más”, concluye Rubén.



