De cara a 2023, el albertismo convoca y se ilusiona con un presidente más empoderado
"¿De qué movilización me hablas?", preguntó y jamás volvió a contestar un diputado nacional que representa el Movimiento Evita pero que mantiene una excelente relación con Máximo Kirchner y Sergio Massa. Estos últimos preferirían que ni siquiera existiera la posibilidad de que el discurso presidencial sea pasado por cadena nacional, tal cual establece los usos y costumbres. Ni siquiera hablar de una movilización.
Sin embargo, Alberto Fernández, quien inaugurará el período de sesiones ordinarias el próximo 1 de marzo, ha escuchado que planean realizar una movilización en su favor. "Es ahora", se entusiasman varios que lo quieren ver más empoderado y menos dubitativo en su relación con la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner.
Las paredes, por lo pronto, ya empiezan a tomar color "albertista", en desmedro de la falta de una oferta política y electoral que pudieran contraponer sus "aliados - enemigos" del Instituto Patria, quienes ya no dejan de repetir su "frustración" y la "aceptación" de un error de parte de su "inefable" conductora.
Fernández no sólo no es lo que pretendían. Si bien no le tenían demasiada confianza, presumían que, ante la situación de quién lo había puesto como candidato y su debilidad política lo único que tenía que hacer el presidente era "traducir" las decisiones previamente adoptadas por Cristina Fernández de Kirchner. Algo falló.
Y lo que no funcionó fue, efectivamente, la concreción del proyecto inicial. Y no sucedió por cuestiones ajenas a la dupla presidencial, sino que tiene que ver pura y exclusivamente porque el presidente no creía en muchas de las cosas que pretendían que hicieran. Después, pasan cosas, como la quita de fondos a la Ciudad de Buenos Aires, los avances y retrocesos por cambios en la Justicia Federal o la implementación de medidas para combatir el COVID que resultaron de las más perjudiciales.
En el Frente de Todos saben que no funciona ningún sistema conocido y por eso, a veces, se entusiasman con algunas iniciativas que duran menos que un fuego artificial iluminado en el cielo. Rápidamente la realidad se desploma contra ellos y deben volver a empezar.
En estos momentos hay una cierta calma dentro del oficialismo, que contrasta con las ebulliciones subterráneas que se ven apenas alguien empieza a bucear en su interior. Es como un volcán a punto de estallar pero sólo se ve el humo que provoca la emulsión de su interior. Se secan las plantas, los árboles y los pájaros vuelan lejos de su centro, pero la erupción no llega.
Mientras tanto, cada uno apura su lugar en el microsistema oficial. Sin aprobación directa ni indirecta, los impulsores del "nonato" albertismo saben que este es un momento para instalar al presidente como la única opción con cierta chance para el oficialismo. No es la mejor ni la más original, pero la única. Todos los sondeos muestran que ningún otro dirigente se aproxima a sus niveles de popularidad, aunque estos sean bajos para una reelección.
La falta de horizonte que se visualiza en el kirchnerismo duro, representado por La Cámpora, es por demás notorio. Ni la carta bomba posterior a las PASO de la vicepresidente, ni el estallido de la madrugada de furia de su hijo y su posterior mensaje epistolar movió un sensor de la Casa Rosada. Es como si le ladraran a la Luna, por más que muchos hablen de crisis.
"El esquema organizativo o desordenado del gobierno es que todo fluya. Así, las decisiones siguen pasando por un presidente que todos los días va hacia donde cree, por más que sus aliados le recriminan, lo critican y proyectan maniobras que después no cambian nada", reveló un asesor que trabaja diariamente en los sondeos que encarga el oficialismo.
Fuera de ese corset oficial está Sergio Berni, el ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, que aún no dio una explicación precisa sobre lo que pasa con el narcotráfico o los asesinatos que diariamente conmueven al territorio del cual es responsable y viaja a Corrientes, con autorización del gobernador Axel Kicillof, para brindar ayuda a la incendiada provincia y, también, mostrarse "activo" ante lo que él calificó de "inoperantes, insensibles y miserables" funcionarios del Gobierno nacional.
Berni no habla con el heredero de los dos presidentes, también sus antiguos jefes, pero tampoco lo hace con Massa ni con Fernández. Quiere ser una opción de derecha dentro del propio oficialismo donde nadie puede conducir por más que Kirchner haya hecho lo imposible para presidir el PJ de la Provincia de Buenos Aires o hayan decidido que el presidente sea, también, el conductor nacional.