Cristina Fernández y Mauricio Macri, los dos dirigentes "tóxicos" que peor miden, pero siguen gobernando sus frentes

Cristina Fernández y Mauricio Macri, los dos dirigentes "tóxicos" que peor miden, pero siguen gobernando sus frentes

Cristina Fernández y Mauricio Macri son los dos principales dirigentes políticos. Son, también, los que peor imagen tienen.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Cristina Fernández y Mauricio Macri se desprecian, pero conviven en una relación casi parasitaria. Se necesitan, se retroalimentan y contagian de manera nociva a todos. Son los dos dirigentes políticos más trascendentes de los últimos 20 años. Por eso en cualquier análisis desapasionado también hay que decir que son los principales responsables de la decadencia argentina en el mismo período. Con matices, claro, porque el peso político de los dos no es el mismo. Pero ambos tuvieron la responsabilidad que les otorgó la ciudadanía para gobernar.

Ninguno de los dos cede y se convirtieron en dirigentes tóxicos. Tanto que coinciden mucho más de lo que ellos dicen y apuestan a un juego discursivo peligroso. Cristina y Macri repiten que “hoy los golpes no se hacen con tanques”. Sí, usan las mismas palabras y sugieren que la libertad está en peligro. Cristina acusa al “mercado” de intentar desestabilizar, y Macri al populismo de cooptar la democracia desde adentro. Ambos ayudan a deslegitimar al propio sistema porque también los dos sugieren que no hay anticuerpos para evitar ese mal, cualquiera sea el origen. Todo, a pesar de que los dos lideran fuerzas políticas lo suficientemente voluminosas como para resistir cualquier intento de desestabilización del sistema.

Mauricio Macri tiene mala imagel.

Los dos escribieron sus “memorias del poder” y usaron las giras de presentación como plataforma de reimpulso político. Los dos construyen discursos desde la negación, la ruptura y la distancia con el otro. Macri estuvo en Mendoza con ese plan. 

Cristina Fernández también tiene mala imagen.

Cristina y Macri son, también, los dos dirigentes nacionales con peor imagen. Sus aliados lo saben y lo sufren. En todas las encuestas ambos dirigentes están en el fondo de la tabla. Según el sondeo realizado por Acierto Consultora  sobre imagen de los dirigentes hay un virtual empate. Los dos últimos presidentes (antes de Alberto) tienen casi el 60% de imagen negativa, aún a pesar de ser el eje político. 

¿Líderes negativos?

El problema para el Frente de Todos y Juntos por el Cambio es que los dos dirigentes a los que consideran "tóxicos" no tienen voluntad de dejar el centralismo. Y puertas adentro no hay rebeldía: el kirchnerismo está acostumbrado al verticalismo obediente; a silenciar las disidencias y a considerar a los militantes soldados. "Puertas adentro hay mucha discusión", aseguran. Puertas afuera se defiende lo que ella decide. 

El caso de Juntos por el Cambio es más laxo, pero la incómoda reaparición de Macri y el futuro que creen quiere construir como candidato a presidente en 2023 nubla la idea de renovación. Los radicales lo anunciaban antes, ahora también lo sugieren con gestos desde el propio Pro, el partido fundado por el expresidente. Incluso hay quienes creen que la tensión pone en riesgo las oportunidades de crecimiento electoral que tiene Juntos por el Cambio por la mala situación del país. 

Pero hay otra complejidad en el escenario político nacional que afecta hasta el orgullo de muchos dirigentes. Tiene que ver con el "porteñocentrismo" que se potencia y que complica las aspiraciones personales y proyectos políticos globales. 

La mayoría de los dirigentes "nacionales" en realidad son porteños.

Los 10 principales dirigentes políticos "medidos" y con proyección nacional son del "lado de adentro" de la General Paz. Incluso la pelea por la Provincia de Buenos Aires responde a la misma lógica. En la oposición ese concepto es extremo: la pelea por el centralismo se la disputan  Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta, ex jefes de gobierno porteño y Martín Lousteau, que quiere ocupar ese cargo.  También María Eugenia Vidal, que se pelea consigo misma para saber de qué lado de la avenida será candidata. Los llamados dirigentes "nacionales" en realidad son figuras porteñas. Incluso allí hay un problema partidario: el Pro copa la escena y la UCR pelea por dejar de ser una "federación de partidos provinciales" para disputarle poder interno. En ese plano parece una misión imposible para los dirigentes de las provincias competir.

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