Tal vez haya que mirar un poco hacia abajo

Tal vez haya que mirar un poco hacia abajo

A más de un año de pandemia en todo el mundo, Argentina está pasando sus días más complicados. No sólo por la cuestión sanitaria, sino por la infructuosa dirigencia política, tanto oficialista como opositora, que no encuentra aciertos ni en las medidas tomadas ni en su comunicación política.

Alejandra Cáceres

Por Alejandra Cáceres | Consultora Política

En marzo de 2020, la comunicación de medidas a tomar para paliar la situación por parte del Ejecutivo nacional eran explicadas por Alberto Fernández apoyándose en un perfil académico, si se quiere: filminas, puntero, fundamentos acerca de por qué esas medidas y no otras, con basamento científico. Medidas tomadas a partir de un consenso. Hoy, la narrativa del Presidente ha mutado rotundamente.

Vemos un marcado contraste, no sólo en cuanto al contenido, sino también en relación a la forma.

El mes pasado, hizo referencia, por ejemplo, a que “el sistema de salud se relajó por atender a pacientes con otras patologías”, mensaje poco feliz, por lo poco empático y despectivo y porque echó por tierra todo el mérito que el personal sanitario ha hecho desde el primer día de pandemia en Argentina. De hecho, si hubo un sector que supo demostrar capacidad y vocación a la hora de trabajar y poner el mayor de los esfuerzos, ese fue el sanitario. Frente a los desafortunados dichos de Alberto, las críticas y mensajes de rechazo desde ese ámbito de inmediato se hicieron oír en redes y medios tradicionales.

En cuanto a la decisiones tomadas por Fernández en cuanto a la presencialidad de las clases, estas no parecen tener basamento científico, ni ser producto del diálogo ni del consenso. El tema se tornó en discusión y, hoy, se dirime en la Justicia.

Fue el mismo Fernández quien justificó el cierre de las escuelas porteñas aludiendo que “los chicos juegan a cambiarse los barbijos”, contradiciendo al propio ministro de Educación, Nicolás Trotta, quien días atrás había confirmado que la presencialidad de las clases no estaba en discusión.

En esa misma ocasión, el Presidente reconoció abiertamente que fue una decisión personal: “La medida del cierre de las escuelas la tomé yo; no la consensué”.

Y esto, sólo por mencionar algunas fotos de la realidad, que tiñen con rasgos de creciente debilidad, su poder político y liderazgo, totalmente carentes de ejemplaridad. Si sumamos a esto la nula capacidad de escuchar la opinión pública, esto se magnifica considerablemente.

Otro dato no menor es que el Presidente, por estos días, buscará que el Congreso lo faculte con superpoderes para, probablemente, tomar nuevas restricciones y medidas de cuidado excepcionales.

Pero estas prácticas discursivas no son exclusividad de Fernández. Si hay un momento donde las polarizaciones, los antagonismos y las discusiones plagadas de chicanas no debieran estar, es en medio de esta pandemia, donde prima la incertidumbre, y donde el ciudadano necesita no sólo que le resuelvan cuestiones básicas, estructurales, sino también recibir algún grado de certeza, muestras de sentido común, gestos.

El propio Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, junto a la ministra de Educación de la Ciudad, Soledad Acuña, fue en contra del protocolo que ellos mismos crearon y visitaron, el 23 de abril pasado, jardines y escuelas --en plena disputa por la presencialidad de las clases--. De esta forma, compartieron aulas con alumnos y docentes sin respetar ni las burbujas ni el distanciamiento social.

Sin ir más lejos, esta semana, la dirigente Patricia Bullrich fue objeto de múltiples repudios a raíz de sus dichos respecto de que el gobierno podría haber entregado las islas Malvinas a un laboratorio estadounidense a cambio de la provisión de vacunas contra el covid-19.

Tal vez sea posible esbozar que hoy, por lo menos en Argentina, la “ejemplaridad” que le está faltando a la dirigencia política argentina estaría siendo suplida “desde abajo”: la encontramos en el sistema sanitario, en el sector docente y por parte de los niños mismos, que nos están dando clases de concientización casi de forma permanente en cuanto a cómo comportarnos frente al virus que hoy nos tiene en jaque como sociedad.

Todos ellos, sin dudar, sin cuestionamientos, lejos de la grieta, tomaron la posta y están comportándose como verdaderos líderes, como verdaderos ejemplos. Ellos saben que su esfuerzo se traduce en el bienestar de todos.

En silencio, de manera incansable, sin medios, sin redes sociales de por medio, hacen honor y dignifican su maravillosa integridad. Hoy, ante esa ausencia de ejemplaridad y liderazgo de gran parte de la clase política argentina, tal vez sea hora de cambiar nuestra perspectiva y mirar hacia abajo... ¿no?

 

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