Por qué marcharon: un reclamo a la oligarquía política para que deje los privilegios

Por qué marcharon: un reclamo a la oligarquía política para que deje los privilegios

Las protestas y el desánimo silencioso generados por el escándalo de la vacunación irregular responde al hartazgo por los privilegios. Un grito que cala más profundo que el gobierno de turno. La oposición también acusa recibo.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Más sorprendente que el hecho de haber aprovechado una posición de poder para usar un bien escaso y preciado como la vacuna para prevenir el coronavirus antes que el resto de la población es no considerarlo un hecho irregular. Puede ser cinismo, pero para tratar de llevar algo de esperanza se puede presumir que lo que le ocurre a Alberto Fernández y su equipo es un tipo de ceguera selectiva que impide ver lo que realmente ocurre probablemente causada por el acostumbramiento. Sí, estar acostumbrados a los privilegios; tanto que se naturalizan.

Fuera de la espuma política y algunos hechos desagradables (como usar irónicamente bolsas mortuorias), la marcha de ayer en todo el país y sobre todo la bronca silenciosa por la reacción ante el vacunagate tiene un trasfondo más profundo que penetra en todos lados. Es un hartazgo por ver que la vida cotidiana de la mayoría de los argentinos corre por un lado, y la de la clase dirigente por otra. Eso, con el riesgo que acarrea: un descreimiento general en la política, una de las actividades más honrosas que debe haber y sostén de la vida democrática. El oficialismo nacional aún no sale de un golpe que lima de manera brutal la confianza. La oposición puede criticar, pero en estado de revisión interna: el desánimo no los deja afuera. 

Invaluable

La vacuna cobró un valor simbólico mucho mayor que la inmunización contra un virus. Es un bien escaso e invaluable y la forma de administrarlo hace a la pericia política y la ética en la gestión. En una oligarquía política que se acostumbró a los privilegios es complejo verlo. Ayer algunos ironizaban: hubo funcionarios que fueron a las marchas con un chofer y autos pagados por el Estado. Puede haber ocurrido, porque así funciona el sistema.

Desde una peluquería con horario extendido dentro del Senado de la Nación, hasta millones de viáticos, pasajes, refrigerios y otras delicatesen; dinero disponible a discreción para hacer beneficencia. Trato preferencial y beneficios a sola firma. La política es una de las actividades más nobles; en el sentido de la palabra relacionada con el desinterés. Algunos la entendieron por otro lado y se consideran parte de la nobleza.

Pero la reacción social también es epidérmica, pendulante y amnésica. Así, la misma sociedad argentina es la que festejó durante los 90 las obscenidades del poder durante el menemismo, en pleno auge y boom del consumo moderno. También la que se hartó y pidió que se vayan todos en 2001, pero luego perdonó y fue condescendiente con los mismos de siempre. Las reacciones espasmódicas no son buenas consejeras a la hora de tomar decisiones.

La bronca y el desánimo por la vacunación de privilegio no tiene tanto que ver con la prevención del coronavirus, sino por el aval al sálvese quien pueda que ello significa, a la cultura de la picardía, los beneficios arbitrarios y el abuso de poder. 

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