La batalla invisible dentro de JxC que obliga a Cornejo a hacer equilibrio

La batalla invisible dentro de JxC que obliga a Cornejo a hacer equilibrio

El principal frente opositor tiene tensiones internas por la conducción en la Provincia de Buenos Aires. Pero parte de esa disputa se nacionaliza. Cornejo busca hacer equilibrio, mientras construye una imagen de unidad y dureza frente al gobierno nacional.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Hay dos batallas políticas que se libran en paralelo y en el mismo terreno: la provincia de Buenos Aires. El Frente de Todos y Juntos por el Cambio están en pleno proceso de posicionamiento en el principal distrito electoral del país y, justamente, allí está la clave: quien tenga el poder político en el  "AMBA" ya ganó una porción importante de la pelea de fondo. En el kirchnerismo la batalla interna la gana Máximo Kirchner por peso de apellido.

En la oposición la disputa es más compleja y no solo habrá elecciones internas, sino que se suma también a otras tensiones internas en todo el país. Allí hay un mendocino que aunque tiene posición tomada hace equilibrio: Alfredo Cornejo, quien como presidente de la UCR nacional busca construir una imagen de unidad, mientras repele las intenciones disruptivas de algunos dirigentes. 

El radicalismo tendrá elecciones internas para conducir a ese partido en la Provincia de Buenos Aires, La disputa es entre Maxi Abad, heredero del ex vicegobernador Daniel Salvador y aliado de María Eugenia Vidal, y el intendente de San Isidro Gustavo Posse, que ha recibido apoyos de radicales renovadores y del senador Martín Lousteau. La interna podría ser intrascendente en cuanto a la participación, pero fundamental para los posicionamientos. 

Juego de roles

El rol de Cornejo es el de un equilibrista: apoyar a uno, pero hablar con todos. El ex gobernador de Mendoza intenta algo que ocurrió en Mendoza pero que a nivel nacional es mucho más complejo; que los radicales abandonen el internismo, su deporte favorito a lo largo de la historia. Cornejo lo logró con una estrategia de largo aliento y de mano dura dentro del radicalismo local. Pero a nivel nacional es más complejo para él.

Incluso se suman actores que desafían esa idea de mensaje uniforme. Ocurrió con algunos gobernadores, como Gerardo Morales, que coquetean con el oficialismo a contramano del discurso disonante oficial. También con otros dirigentes de peso como Mario Negri, presidente del bloque de la Cámara de Diputados. Negri fue el principal firmante de la carta que un grupo de radicales publicó para cuestionar tibiamente al Gobierno y que obvió la firma de Cornejo y otros referentes. Ese hecho es una señal de las disonancias internas. 

También se suman al juego otros dirigentes que hasta ahora estaban bajo las sombras. Uno es Ernesto Sanz, quien nunca dejó la política pero se manejaban en el detrás de escena. El sanrafaelino tenía una alianza estratégica con Cornejo, pero ambos no se rinden fidelidad mutua. 

La microinterna que tienen el radicalismo y el Pro se reproduce a nivel global en Juntos por el Cambio. Cornejo y Patricia Bullrich, los presidentes de los dos principales partidos, están de campaña "por la unidad"; pero con la intención de que se imponga una postura dura en contra del Gobierno. En la otra vereda están quienes tienen una posición más tibia, como el jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta y quienes son disruptivos pero por otros motivos (uno de ellos es Mauricio Macri).

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