Mendocinos en "la casa de papel" y otros cargos clave de perfil bajo

Mendocinos en "la casa de papel" y otros cargos clave de perfil bajo

La designación de Gabrielli en la Casa de la Moneda es un ejemplo del poder de reciclaje de muchos dirigentes. Pero el ex gobernador de Mendoza también tiene su semillero. ARSAT, YPF y los mendocinos que merodean el poder.

Pablo Ponce

Parece un retorno, pero en realidad Rodolfo Gabrielli nunca se fue; siempre estuvo cerca de la llama del poder y los cargos públicos luego de que dejó el Gobierno de Mendoza en 1995. Como aquella vez cuando era Ministro del Interior y quedó como único funcionario en Casa Rosada cuando Adolfo Rodríguez Saa renunciaba a su fugaz presidencia. O ahora como titular de “la casa de papel”; pues fue designado presidente de la Casa de la Moneda.

Gabrielli está acostumbrado a los cargos altos de perfil bajo, cuestión que puede cambiar por el rol que la Casa de la Moneda tiene en pleno plan de expansión de la base monetaria. Tanto que uno de los principales problemas que debe afrontar el mendocino es conseguir papel moneda. Aseguran que el ex gobernador de Mendoza llegó sin padrinazgos a ese cargo. Pero los avales sí ayudaron. Fue uno de los principales asesores de campaña de Anabel Fernández Sagasti luego de haber hecho una peculiar maniobra para volver a los primeros planos: sin tener ninguna chance real, se autopostuló como precandidato para levantar el perfil. Ya en campaña su ex jefa mandó a callarlo públicamente cuando dijo más de la cuenta. “Por mí solamente hablo yo”, dijo Anabel tras alguna declaración polémica de Gabrielli.

La reaparición de Gabrielli es una señal del enorme poder de reciclaje que tiene un puñado de dirigentes mendocinos que logran sacarse el polvo de cualquier crisis y reinventan su currículum. El ex mandatario fue ministro del Interior tras la crisis del 2001 y con Néstor Kirchner y Alberto Fernández tuvo una carrera también prolífica. Estuvo en el Banco Nación. en la conducción de la aviación civil y condujo ARSAT, la empresa nacional de tecnología. Ahora está a cargo de la fábrica de billetes, una industria “próspera”.

Pero además de su nombre propio, Gabrielli dejó un semillero de funcionarios que logran pasar bajo el radar público con el mismo sigilo suyo. Es lo que ocurre, por ejemplo, con Facundo Leal, un abogado formado en el entorno del ex gobernador y que también volvió. Leal fue nombrado en el directorio de ARSAT, empresa en la que ya estuvo junto al ex gobernador mendocino y que en los primeros meses de gestión de Alberto fue escenario de tensiones por la conducción política entre el “albertismo” y La Cámpora. Leal volvió a ese lugar en el directorio, tras haber sido gerente general durante la gestión de Cristina Fernández.

En efecto Leal es un hombre de confianza del presidente de la compañía Pablo Tognetti, quien está secundado por el camporista Guillermo Rus. ARSAT tiene a cargo hoy nada menos que el plan de conectividad de todo el país y es una de las empresas estratégicas que tiene a cargo el Estado. De hecho tuvo a su cargo el montaje de la red de fibra óptica que recorre más de 1300 localidades de todo el país. Leal volvió a la conducción de esa empresa. 

YPF

Pero si de empresas estatales estratégicas y cargos políticos se trata, hay otro ejemplo igual de contundente en YPF. En la petrolera estatal hubo movimientos importantes en las últimas semanas.

Sergio Affronti se hizo cargo de la gestión ejecutiva, opacando al presidente de la compañía Guillermo Nielsen. Affronti es mendocino, pero más que eso es un fiel militante del binomio Galuccio-Cristina Fernández y gracias a ese vínculo volvió a YPF para conducirla. Tan allanado tiene el camino que en una semana destrabó una negociación empantanada desde diciembre entre la petrolera, la Nación y los gobernadores para establecer un precio local del barril de petróleo. El anabólico impuesto a 45 dólares es un alivio momentáneo para algunas provincias y un señuelo artificial para las empresas para que inviertan. YPF hasta podría ser “perjudicada” por tener un valor más alto que el de mercado, pero como la firma tiene toda la cadena de valor, lo que paga por un lado lo recauda por el otro.

Más mendocino que Affronti es Celso Jaque, el otro dirigente político que sorprendió por su designación en la petrolera a principio del mes pasado. Jaque fue nombrado en el directorio en un cargo netamente político y que opaca aún más la simbólica presencia de Mendoza en el organismo de conducción de la empresa.

Desde que fue reestatizada, las provincias petroleras supuestamente tienen un sillón en el directorio, cargo que se ejerce sin ningún poder real (las provincias no pagaron por las acciones y no las poseen, entre otras cosas). El lugar es ocupado ahora por Martín Kerchner, uno de los radicales mendocinos parados en el ala dura de la oposición.

Jaque llegó con la venia de Anabel Fernández Sagasti, quien solía consultar al ex gobernador durante la campaña. Su llegada a la petrolera no pasó desapercibida porque  Jaque fue el gobernador que generó una de las acciones más nocivas para la industria petrolera y que la propia YPF sufrió. Cuando era gobernador adjudicó el primer lote de áreas petroleras a cargo de la provincia; y lo hizo adjudicando más áreas de lo permitido a un grupo de empresas que no tenían ningún antecedente sólido. Detrás se generó un enorme negocio “inmobiliario” con las áreas petroleras.

Las empresas Ketsal-Kilwer, conducidas por José Luis Manzano, fueron las beneficiadas y tras no invertir lo prometido “vendieron” sus derechos a un consorcio donde YPF era el único con reales posibilidades de hacer algo. El problema es que muchos de esos activos terminaron siendo nocivos para la petrolera que luego se estatizaría. Tanto, que el Estado de Mendoza sancionó a YPF por falta de cumplimiento y aún hoy no se termina de desanudar la compleja madeja que se generó. En la triangulación de compañías usadas para negociar los permisos petroleros también estaba Energía Andina, la empresa petrolera del Grupo Álvarez que tuvo un fugaz paso por la industria, pero ligada más a los escritorios que a la producción. Justamente fue esa empresa la que compró y vendió los permisos. Esa misma empresa, pero a través de la filial de obras, busca posicionarse para ser parte del consorcio de empresas que construirá Portezuelo del Viento, la gran obra argentina de los próximos años.

En ese plan, lo que ocurra en las próximas semanas será clave. Hasta el 19 de mayo las empresas tienen tiempo de comprar los pliegos para participar de la licitación y el 2 de junio comienza el proceso de apertura de sobres. La obra tiene un presupuesto oficial de 880 millones de dólares, pero habrá 1023 millones de dólares para ejecutarla. Se trata de fondos transferidos por la Nación que tienen como único fin la constitución de un fideicomiso para construir la represa y sus obras anexas. La llamada “obra del siglo” es parte de una puja enorme detrás de escena. Aún no hay oferentes confirmados y la tensión está en cómo se arman los consorcios, quiénes pueden participar y, sobre todo, las restricciones que encontraron muchas firmas nacionales y mendocinas para participar.

Todas las obras se adjudicarán a un solo consorcio que luego tendrá el poder de subcontratar. El proyecto oficial es para construir una represa de hormigón compactado a rodillo, que es más oneroso pero se pide un proyecto alternativo que podría ser con una presa de otros materiales. Allí hay otro foco de conflicto. 

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