El coronavirus nos pone a prueba: las señales erráticas en Mendoza

El coronavirus nos pone a prueba: las señales erráticas en Mendoza

El sistema de salud y hasta las familias estarán a prueba por la expansión de la pandemia. Argentina y Mendoza cuentan con una ventaja temporal que no se está aprovechando.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

La pandemia de coronavirus pone a prueba a todos. Al Estado y su sanitaria para responder con una estrategia de prevención y de abordaje cuando comience a circular el virus, y hasta las familias que deberán afrontar un desafío particular: volver a encontrarse todos juntos dentro del hogar.

Las primeras señales en Mendoza han sido erráticas y dispersas. Que el intendente de Las Heras suspenda todas las actividades públicas sin consultar a sus pares del Gran Mendoza no tiene mucho sentido, tomando en cuenta que alcanza con cruzar una calle para estar en “zona permitida”. Allí es cuando queda revelado que hay instituciones que son poco más que un sello de goma. ¿Acaso no había algo llamado “Unicipio” donde se iban a coordinar todas las acciones conjuntas de los municipios del Gran Mendoza? Lo mismo ocurre con algunas instituciones educativas. Una Universidad privada suspende actividades, pero el resto no. Y agrega presión sobre la propia UNCuyo y la Dirección de Escuelas, que es quien puede tomar decisiones para el universo educativo. Mientras se analiza suspender una maratón, se habilita la venta de entradas para Godoy Cruz y Boca, donde habrá 40 mil personas. 

Las ventajas

Mendoza cuenta con una enorme ventaja respecto a los sitios donde la pandemia los tomó por sorpresa. La circulación del virus ocurrirá con una diferencia temporal que le permite contar con un enorme volumen de información para prevenir y ejecutar un abordaje preciso. Ya se sabe que el virus se transmite muy fácilmente. Que la enfermedad afecta de manera aguda a las personas mayores de 65 años. Que los niños se contagian, pero por ahora no tienen consecuencias graves. Que conviene no saturar los centros de salud para asistir a los enfermos y, en cambio, ir hacia un resguardo en el hogar y solo internar a los casos de riesgo.

Pero hasta ahora ha sido tiempo perdido por las decisiones unilaterales de algunos sectores y la falta de una comunicación precisa, con voceros únicos y sin dudas. En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, es el jefe de Gobierno quien comunica junto a las autoridades sanitarias.

Cuando comience el frío se va a solapar la circulación del coronavirus con el pico de las enfermedades respiratorias. Va a haber una enorme demanda para los médicos y el sistema de salud y será una prueba de pericia y templanza para todos. Para el sistema sanitario y de comunicación, pero también para las familias que tendrán que modificar su rutina para adaptarse a la vida “indoor”. Incluso, llegado el caso, hasta ocuparse de la educación de los niños. Acaso, hasta puede ser una situación “aleccionadora” para todos.

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