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El Club PRO que se arma alrededor de Marcos Peña

Los "paraproístas" son personas, entidades o académicos que quieren que "al país le vaya bien" y sostienen que para que eso pase "le tiene que ir bien al PRO". Pero no se meten.

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 Los argentinos hemos conocido el ejercicio político de partidos, movimientos y militares. A través de ellos se gestionó el país a lo largo de la historia. Detrás de ellos se escondieron, apalancaron o trabajaron a la luz del día (según corresponda el caso) los sectores que nutrieron sus plataformas de acción, ya sea por presión, conveniencia o convicción.

Ahora gobierna el PRO, una fuerza relativamente nueva, que ya se probó en la Ciudad de Buenos Aires como partido político, pero que crece -tras haber sido escogido para hacerse cargo ya no solo de la Capital, sino del país y de la provincia de Buenos Aires- bajo diferentes figuras, las clásicas y las que todavía no toman cuerpo o definición. Es un partido, un movimiento y también un club.

Sus fundadores, los "amarillos puros", reclaman el ejercicio pleno de la mayoría accionaria en una fuerza que se nutre centralmente de empresarios pero que ya es mucho más que eso porque las circunstancias, más que sus propósitos, así lo decidieron. Hay ahora una confluencia de tensiones. Centralmente, sus creadores quisieron reunir a la élite del país. Aquellos a quienes les "fue bien" en la vida creyeron que podían hacerle ir de igual modo a todo el país usando recetas que individualmente usaron. No es un proyecto colectivo, sino una suma de éxitos individuales de entre los cuales quieren que surja un "modelo nuevo".

Hay dentro de la fuerza mucho nutriente de la vieja política que busca ser contenido por "lo nuevo". En un país acomplejado de populismo es indudable que se lo pueda ignorar de un día al otro. Por ello, aunque el PRO reconoce ese diagnóstico, también acepta que es la sociedad la que está bajo terapia para superar ese gran trauma que ha dejado al país postrado durante tantos años, con flashes de recuperación, como los que preceden a la muerte. El más fuerte de ellos fue en 2001, cuando casi nos quedamos sin país.

Conservadores de los valores liberales, en general, su puja ideológica interna -que la hay- se produce sobre un escenario nuevo para muchas generaciones: conservadores versus liberales, con un accionar sumamente práctico que confunde y -por ahora- suma.

Este es el marco para que muchos de los que quieran que "al país le vaya bien" se estén reuniendo "para que a Macri le vaya bien". A ellos ya les va bien. No quieren sumarse a un partido político y tampoco se aceptan ser parte de un movimiento, aunque técnicamente, conformar una especie de "club" alrededor de las políticas del Gobierno, los hace harina para ese pan que se amasa en la Casa Rosada y, por lo tanto, parte de un movimiento que, de todos modos, suma una característica novedosa: no parece ser personalista y supera al propio Macri.

Empresarios, particulares, académicos prefieren llamarse "entidades" en sus raras intervenciones con algún periodista a la hora de aceptar que integran un Club PRO o el "Para PRO". "Paraproistas", al fin, es gente que periódicamente es recibida por el jefe de Gabinete, Marcos Peña para impulsar que sus objetivos coincidan con los del Gobierno y viceversa. Desprecian el corporativismo que le adjudican al peronismo históricamente, pero hacen algo parecido, con muchos mejores modales. No aceptaron sumarse al "gabinete de CEOs" porque no han saldado sus dudas sobre la finalidad del Estado y su eficacia.

Muchos de sus integrantes no son afiliados al PRO, pero hay algo más interesantes: muchos de los paraproistas son afiliados o simpatizantes, sponsors o amigos de gente de otros partidos políticos, pero que creen que "esta es una oportunidad que nunca más" se les dará para incidir en políticas de Estado que rompan la inercia populista que hace mover la matriz de la República.

Y finalmente, son republicanos: dicen defender este sistema y la división de los tres poderes, pero también creen que hay que sanearlos volviendo a leer, por ejemplo, a Juan Bautista Alberdi. Después se sabrá si influyeron más las ideas liberales o conservadoras, pero por ahora, en cada provincia el Club PRO intenta hacer pie sin alterar ni llamar la atención de los partidos políticos. Van por fuera, no son candidatos a nada y se podría decir que se sienten "consultores" externos.

Se suman a un Rogelio Frigerio que ya hizo que Macri se diga "desarrollista" y a Emilio Monzó que conoce de memoria al peronismo (y lo llaman "portador sano" de su ADN). Todos, buscan "otra política". Y solo el tiempo dirá si lo consiguieron.