Gracias por tan poco
Tanto tiempo de espera ¿Valió la pena? Cristina Kirchner volverá el miércoles a Mendoza luego de dos años de ausencia para demostrar que ahora sí, ahora sí respalda al candidato del peronismo mendocino a gobernador, Adolfo Bermejo, luego de haber disciplinado a Francisco Pérez y a los suyos en los últimos días tras algunos meses de discordia.
La presidenta volvió a demostrar que la metodología del “palo y la billetera” para mantener domesticados a los gobernadores, que el kirchnerismo viene aplicando desde hace más de una década, sigue más vigente que nunca y los peronistas mendocinos sirvieron de ejemplo para el resto.
Paco, Carlos Ciurca, Adolfo Bermejo y hasta Juan Carlos Mazzón plantaron bandera y no solo anunciaron su alianza estratégica con Daniel Scioli sino que además presentaron candidatos propios al Congreso cuando todos sabían que era la presidenta, en definitiva, quien iba a puntear esos nombres.
Bastó un ninguneo en público histórico de Cristina a Pérez y un par de movidas en el Banco Nación que complicaron el pago de los sueldos públicos en la provincia, para que el desfiladero de dirigentes locales hacia la Casa Rosada fuera incesante desde hace quince días para volver sobre sus pasos.
La domesticación de los mendocinos fue un ejemplo para quienes, en el universo del resto de los gobernadores del PJ, estaban pensando sacar ahora los pies del plato.
Pérez y Ciurca se la jugaron a hacerse fuertes en un contexto de debilidad y apostaron a convertirse en los primeros en romper para irse detrás del proyecto sciolista como aspira buena parte del peronismo del interior.
Pero todo eso chocó con la realidad: quizá hubiera sido distinta la suerte de la jugada, si Bermejo hubiera ganado las PASO.
Aunque también hubo una cuota de inmadurez política que, en el caso de nuestro gobernador, no debería sorprender. El desafío de los mendocinos fue muy distinto a la forma en que José Luis Gioja, por caso, también se subió al tren de Scioli. Aunque, claro está, el sanjuanino tiene otra espalda financiera para soportar los rebencazos que puedan venir.
Los K son mal pagadores
Esuardo “Wado” de Pedro, el secretario General de la Presidencia y armador político nacional designado por Cristina, escribió el martes, una por una, las opciones que Bermejo y Pérez le presentaron para justificar la visita de ella el miércoles.
El listado no era muy extenso y el Gobierno ya se habría decidido: la presidenta habilitaría una ampliación del hospital Metraux de Maipú y además presentaría personalmente la licitación de la autovía a San Juan que ya fue licitada el año pasado. Tras dos años de ausencia suenan a poco los potenciales anuncios presidenciales.
Cristina vendrá a inaugurar una sala de un hospital cuando, según todo lo que prometieron los sucesivos gobernadores de Julio Cobos a esta parte, debería haber dejado construidos un par de diques como mínimo.
Y la visita del miércoles pondrá otra vez en blanco sobre negro que la Casa Rosada menospreció a Mendoza históricamente en el contexto nacional.
En 2005, 2006, 2007 y 2008, siempre estuvimos ubicados de la mitad de tabla para abajo, en cuanto al ingreso per cápita, tomando como referencia los fondos que la Nación distribuye entre las provincias para hacer obras públicas, viviendas, caminos, pagar jubilaciones y planes sociales.
Quizás el peor de esos años fue el 2007, en donde se ubicó en el puesto 21 de las 24 jurisdicciones del país. En la pauta presupuestaria de ese período, que además coincidió con el romance pleno entre Cobos y Néstor Kirchner, cada mendocino recibió del Gobierno nacional $1.800, la mitad de lo que recibía un riojano y tres veces menos de lo que K le enviaba a una santacruceño.
En la relación con la Nación, quizás se pueda encontrar la génesis de los problemas de Pérez para administrar Mendoza.
El gobernador tuvo como único plan de gobierno conseguir todo lo que se podía de la Nación, porque creía, allá por el lejano 2011, que él tenía mejor vínculo con Cristina del que había tenido Jaque y sabía en consecuencia qué despachos debía golpear.
El problema estuvo ahí: Cristina nunca pagó y Paco jamás encontró un Plan B de gobierno.
Todavía algunos funcionarios recuerdan aquella última frase de Alejandro Cazabán, el ex hombre fuerte del gobierno de Jaque, cuando al entregarle las llaves de los despachos de la Casa de Gobierno a Pérez cuando asumió le advirtió: “Preparate para administrar miseria”.
El entonces flamante mandatario se ofendió por el mensaje, fiel a su estilo, y creyó ver otra conspiración del “Chiqui”. Pero los números le terminaron dando la razón a éste.
Un gesto hubo sí, entre tanto ninguneo: Mendoza consiguió aportes para este año por $1.800 millones para viviendas.
Sin embargo en las pautas del presupuesto 2012, 2013 y 2014, Paco incluyó partidas de “aportes no reintegrables” de la Nación, es decir, recursos que llegarían de manera discrecional para afianzar la buena relación, que llegaron en cuentagotas.
En 2012, de $1.600 millones que fueron pautados llegaron $800. Un año después, Pérez esperaba $2.500 y Cristina le envió solo $900. En 2014 la situación no cambió: de $2.600 presupuestados la Nación aportó $1.900.
Este año por este concepto ya fueron depositados $800 millones, pero las expectativas de Pérez no están fijadas porque la Legislatura no sancionó la Ley de Presupuesto.
Otra vez Los Blancos
A mediados de semana, cuando la visita de Cristina se confirmó, un frenesí se desató en el ministerio de Infraestructura: todos salieron a desempolvar viejas presentaciones de prensa del dique Los Blancos, una obra que, según el Gobierno, Cristina quería dejar lista antes de diciembre de 2015.
Los Blancos es un complejo hidroeléctrico que implica la construcción de dos centrales de generación de energía en torno del futuro embalse Los Tordillos, sobre el río Tunuyán y su construcción viene siendo anunciada desde los finales del gobierno de Celso Jaque y se especula con que la presidenta algo dirá de ella en tres días.
La presa tiene un costo que está estipulado en no menos de U$S 1.200 y, según admiten en el propio Gobierno “todavía no se sabe cuál será la ecuación financiera” para construirla.
En el mismo limbo está otra obra de envergadura, el dique Portezuelo del Viento, aunque aquí la situación es peor.
Portezuelo es una de las obras incluidas entre los proyectos nacionales de obras energéticas y tenía un costo hace diez años de $1.000 millones. Hoy, ni siquiera está calculada.
La obra debía ser financiada por el ministerio de Planificación, pero por decisión de Julio Cobos fue introducida dentro de un arreglo extrajudicial en donde Mendoza terminaba desistiendo del juicio iniciado en 1998 por los perjuicios de la promoción industrial.
Es decir: la plata para hacer la obra debía haber salido de la Nación, pero terminó saliendo de un juicio que la provincia podría haber ganado ya que la demanda tenía sentencia favorable del Procurador de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Mauricio Macri parloteó el jueves acerca de esta obra mientras estuvo en Luján, quizás sin caer en la cuenta que el próximo gobernador de Mendoza se la puede exigir ni bien asuma.
El gobierno nacional nunca cumplió su parte del acuerdo y solo aportó menos de $100 millones en casi una década. En la actualidad hay una excusa perfecta: tanto la provincia como la Nación argumentan que no se puede avanzar, hasta que no se resuelva el conflicto con La Pampa por las aguas del río Atuel.
Los Blancos casi se viene abajo hace un par de años, por un conflicto de intereses entre las empresas en carrera –Cartellone e IECSA– que llegó hasta la Casa Rosada.
En 2012 la Nación se comprometió, cuando pre adjudicó finalmente el proyecto a Cartellone, a aportar la mitad de los fondos a través de la creación de un fideicomiso que nunca se constituyó y la provincia, según aquél esquema de financiamiento, no iba a tener que poner plata.
En aquella oportunidad la empresa Cartellone asociada con la brasilera OAS (luego de que se resolviera el controversial proceso licitatorio) consiguió el contrato con el compromiso de realizar una inversión de $4.685 millones y un compromiso de aportar un 35% más de fondos provenientes del banco brasilero BNDES.
Pero luego, entre las demoras del gobierno argentino y a la crisis desatada por la corrupción en Petrobrás, el banco brasilero retiró su oferta de financiamiento.
La última noticia sobre el tema, se generó hace un año cuando el ministro de Economía, Axel Kicillof, lo llamó al gobernador específicamente para comunicarle que la Nación estaba dispuesta, luego de cinco años de idas y vueltas, a avanzar y que estaban disponibles al menos $40 millones para comenzar el papeleo de la obra.
De allí en más, solo silencio.
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