¿Qué pasaría si las cinco candidatas a presidentas fueran mujeres?

¿Qué pasaría si las cinco candidatas a presidentas fueran mujeres? No pasaría.
Cuesta incluso imaginarse el debate, la imagen, las fotos. ¿Pero qué pasaría?

emiliana lilloy

Los candidatos dieron datos durante el debate.

Télam

Cuando le preguntaron a Justin Trudeau por qué sus jefaturas en los ministerios estaban compuestas en su 50% por mujeres, contestó: "¡Porque estamos en 2016!"

En 2019 en Argentina hoy elegimos a nuestro presidente y esa elección recaerá indefectiblemente en un hombre.

Así fue que asistimos a una campaña y dos debates presidenciales en los que escuchamos hablar a cinco varones sin que esto nos inquietara en lo más mínimo.

Parece entonces, que si bien festejamos las paridades en el congreso y las legislaturas provinciales (órganos que no son ejecutivos), la igualdad no es un tema de la agenda Argentina.

¿Qué pasaría si las cinco candidatas a presidentas fueran mujeres? No pasaría.

Cuesta incluso imaginarse el debate, la imagen, las fotos. ¿Pero qué pasaría? Los hombres jamás dejarían que ocupáramos ese espacio tan abiertamente y que pudiéramos hablar de la igualdad como lo hacen hoy ellos en sus atrios.

Esto nos lleva a pensar cómo es posible que las mujeres lo permitamos, que la situación no nos indigne o no nos sintamos insultadas por esta manifiesta exclusión de la arena pública y los espacios de poder.

La respuesta se llama desigualdad y se sostiene por la violencia simbólica que vivimos las mujeres a lo largo de la historia.

La antropóloga y periodista Elvira Altés explica que la violencia simbólica es en efecto una forma de poder que se ejerce directamente sobre los cuerpos y como por arte de magia, sin ningún tipo de coacción. Así, cuando el grupo hegemónico (en este caso los hombres) consigue que el grupo dominado integre sus esquemas, valores e interpretaciones culturales, se ha completado el proceso.

De esta manera concluye que ” la lógica de la dominación masculina y de la sumisión femenina solo se entiende por los efectos duraderos que el orden social ejerce sobre las mujeres y los hombres”.

Es que pareciera que simplemente estamos acostumbradas/os a ver hombres en los espacios de poder, en la posición de expertos, tomando el micrófono, explicando las cosas, la vida y sobre todo cómo debe ser gobernado un país.

Es que en definitiva nuestras mentes y cuerpos están colonizados a través de este proceso de violencia del que habla Altés, y hemos interiorizado el valor cultural de que “estos espacios” a las mujeres no nos corresponden.

Porque si esto no fuera así, el hecho de que se postulen cinco hombres ni siquiera podría suceder. Sería tan impensable en nuestras mentes como lo es la idea de que lo hagan cinco mujeres y ningún varón.

Tan normal nos parece, que hoy elegiremos entre ellos sin ni siquiera planteárnoslo. Así será hoy y seguirá siendo mientras las mujeres no rompamos esa lógica de dominación en que los espacios no nos pertenecen y que debemos ocupar roles secundarios.

Dicho de otro modo, nada cambiará hasta que no dejemos de asumir que la autoridad y liderazgo es de los hombres. No cambiara nada, y seguirán gobernando y ocupando el poder cómoda y “naturalmente” los hombres, porque en sus mentes también creen que les corresponden. Porque esa misma lógica funciona para ellos y por eso no deberíamos quejarnos ni pedirles que compartan esos espacios de manera igualitaria.

Y en esto último quizás tienen razón. Porque el poder no se pide ni se otorga, el poder se conquista.

  • Emiliana Lilloy-Abogada

  • Directora de la Diplomatura en Género e Igualdad

  • Vicepresidenta de la Comisión de Género-Colegio de Abogados de Mendoza

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