El mito de las denuncias falsas por violencia de género: Homo Sapiens y los unicornios

Una nueva opinión de Emiliana Lilloy que nos invita a discutir sobre creencias y falsas certezas de la realidad cotidiana en la convivencia humana.

Emiliana Lilloy

*Hombre o mujer leona encontrada en la cueva de Standel Alemania. Primer ejemplo indiscutible de la capacidad humana de imaginar cosas que no existen.

A medida que aumentan los casos de violencia de género y femicidios, pereciera instalarse también un discurso sobre la existencia de las denuncias falsas al respecto. ¿Cómo explicar este fenómeno?

Los países que ya tienen mediciones sobre este tema muestran índices ínfimos de denuncias falsas. Un ejemplo de esto es España, cuya Fiscalía General del Estado arrojó en su última medición (2009/2016) que las mismas alcanzan el 0,01 %. En efecto, de las estadísticas y análisis se detecta el fenómeno inverso, y es que, del 100% de casos, un 78% no se denuncia.

Aún contando con estos datos, pareciera que el mito de las denuncias falsas crece sin reparos ignorando lo que la realidad nos muestra.

Es que la historia de la humanidad, es la historia del origen y la fuerza de los discursos. A partir de ellos se creó el mundo y según ellos habitamos este planeta de una u otra manera.

El filósofo e historiador israelita Juval Noah Harari (Autor: Homo Deus- De animales a dioses- entre otros) nos relata la historia de la humanidad a través de una pregunta central e inquietante a este respecto: ¿cuál es la razón por la cual el homo sapiens conquisto el planeta extinguiendo a las demás especies humanas (Homo erectus, soloensis, floresiensis, neanderthalensis, entre otros) a la fauna gigante, y finalmente tomo su control?

Pareciera ser que nuestra especie se diferencio del resto de las especies humanas y de otros animales hace aproximadamente 70.000 años, momento en que se produjo (no sabemos por qué) la revolución cognitiva. Esta revolución, que es de nuestro lenguaje, consistió básicamente en la capacidad de usarlo para inventar relatos, discursos, o dicho en palabras del autor: imaginar cosas que no existen.

Explica Harari con bastante humor, que un chimpancé no podría aceptar el pacto de no comerse una banana en este momento a cambio de la promesa de que si espera, al momento de su muerte, comerá 100 bananas. Menos aún podrá recibir la amenaza de que si lo hace ahora, será castigado. No es que el mono no quiera las 100 bananas o no le tenga miedo al castigo. El problema es que no participó de la revolución cognitiva y por lo tanto, no tiene imaginación para creer en algo que no puede ver oler ni tocar y que para él objetivamente no existe.

Nuestra capacidad de crear y creer en historias-ficciones colectivamente, es lo que nos ha permitido cooperar y organizarnos según esas creencias y así convivir en este planeta con los mismos valores y reglas en las distintas civilizaciones que hemos creado-habitado. Imagínese quien lee, cómo hubieran sido construidas las pirámides de Egipto sin la creencia de que el Faraón era un ungido de los dioses que le dictaban esas órdenes, o cómo hubieran sido posible las monarquías europeas sin ese mismo relato. Para muestra sobra un botón.

El tema central de los relatos y discursos radica en descifrar quién los crea-inventa, observar cuantas personas lo creen (porque aquí radica su fuerza) y cuáles son los objetivos o conveniencias de su creación. Vamos a las denuncias.

La afirmación de que las mujeres denuncian falsamente la violencia de género, esconde una premisa anterior “la mujer es mentirosa o la mujer no es un ser creíble”

No hace falta ser historiadora como Harari, para saber que en todos los mitos fundacionales o ficciones creadas por el homo sapiens (que han sido la base de nuestra organización social) la mujer ha tenido un rol secundario, puesta por el dios o los dioses de que se trate al servicio del hombre, asignándole características maléficas, peligrosas, y en algunas ficciones hasta encarna la imagen del mismo demonio.

La peligrosidad traición y despecho de las mujeres se encuentra representada en todos los mitos humanos, desde Sansón y Dalila, hasta la irascible Medea, que por despecho a Jasón mato a sus propios hijos/as. ¿Para qué? Para arruinarle la vida.

Si los mitos sobre creación del mundo nos quedan muy lejos para darles entidad, cito aquí a algunos creadores de discursos o influencers que pretendieron hablarnos de la realidad:

“Hay un principio bueno que ha creado el orden, la luz y el hombre, y un principio malo que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer” Pitágoras

“La mujer es un ser ocasional e incompleto, una especie de hombre fallido. El hombre es la cabeza de la mujer como Cristo es la cabeza del hombre. Es evidente que la mujer está destinada a vivir bajo el dominio del hombre y no tiene por si misma ninguna autoridad” Santo Tomás de Aquino.

“De todos los animales salvajes no hay ninguno más dañino que la mujer”. San Juan Crisostomo

En este contexto ¿cómo podríamos creerle a un ser tan despreciable?

Pero para otorgarle el tan preciado beneficio de la duda, o la presunción de inocencia, también me permito preguntar: ¿quién inventó estos discursos, con qué fines, y por qué he de elegir creerle?

Pensar en la inocencia de estos relatos o de su inocuidad en estos días, es negar que en la Argentina hace unas décadas la mujer no podía prestar declaración testimonial en juicio o ser testigo en testamentos, o que aún hoy en algunos países orientales, para rebatir el testimonio de un hombre en juicio, tengan que contradecirlo al menos dos mujeres. Esto último no en materia de violencia de género (que muchos ni siquiera la regulan), sino en cualquier litigio. Es decir, la opinión de un hombre por ser hombre, vale por dos. O dicho de otro modo, la palabra de la mujer por sí sola no es válida: será porque miente.

Los seres humanos no sólo hemos inventado relatos para cooperar y vivir en sociedad. También hemos creado seres literarios que inspiran nuestras vidas y recrean nuestra existencia. Esto es tan así que, ¿quién podría negar la existencia de nuestro querido y valeroso Quijote?

Hemos dado vida a otros tantos mitológicos, como el caso de los Unicornios y las Mujeres Mentirosas. En el primer caso, según el relato de su creación, estos seres con cuerpo de caballo y un cuerno incrustado en la cabeza tienen la capacidad de prevenir y curar enfermedades mágicamente. En el segundo, el mito de su creación dice que es un ser despechado cuyo fin es arruinarle la vida a los hombres. La mayoría de la gente sabe que ambos no existen, porque salvo algunas narraciones aisladas, nunca nadie les vio. Pero sostienen la creencia en estos relatos porque saben, que en algún momento de desesperación, quizás puedan servirles.

Hombres y mujeres podemos mentir o ser honestos/as, de eso no hay dudas. Lo que no podemos permitirnos, es crear difamaciones discursivas hacia uno u otro género. Muchas personas podrán decir que no se ven afectadas por estos relatos y prejuicios. Que tienen sobre el tema una visión objetiva.

Para comprobar si esto es cierto, propongo un test de una sola pregunta:

¿Cree usted que las mujeres realizan denuncias falsas por violencia de género por despecho?

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?