Dividir para reinar

El director periodístico de MDZ, Gabriel Conte, plantea un ejercicio práctico: pensar. Los orígenes del término "Divide y reinarás" y sus implicancias no solo políticas sino psicológicas. Los dos lados de la grieta y de lo que "no hablamos": los que se cayeron al abismo que hay entre ambas. 

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Gabriel Conte

Lanzarse o caer al fondo de la grieta. Foto alusiva.

La receta no es para nada nueva ni tampoco busca la elaboración de un resultado que les guste a todos. Sus condimentos son agrios, siempre. "Divide y reinarás", "divide y dominarás" o bien "divide y vencerás" son las acepciones de una máxima latina que llevó a la práctica Julio César con un solo fin: imponerse, imperar por sobre el resto.

Lo pensaron los griegos, lo aplicaron los romanos y lo heredamos los argentinos, entre muchos otros, para generar grietas. Es tan claro y fuerte el concepto que no es útil solo a la política, sino que es analizado por la psicología, ya que se trata de invididuos que rompen estructuras de poder grandes en otras más pequeñas, de modo de poder dominarlas, aun sin tener la capacidad, el perfil, la razón e inclusive consenso para ponerse por encima, y lo consigue.

Veamos alrededor nuestro cómo sucede con personas que ansían el liderazgo (en la empresa, en el gremio, en la familia) y como no los asiste la razón, se nutren de la fuerza para creerse líderes dividiendo al resto y dominando por encima. Mediocres con dinero, frustrados vivarachos, egocéntricos con acólitos, pero ninguno de ellos capaces de unir en función de sus méritos, conocimiento,  y capacidad ponerse a la vanguardia.

Eso es el sustrato de lo que en la Argentina llamamos "la grieta". No solo la creó el kirchnerismo para empoderarse después de haber asumido el poder con una quinta parte de los votos, luego de que se bajara del balotaje Carlos Menem y asumiera Néstor Kirchner. La han usado muchos antes y la siguen usando ahora. Es lo que le da fuerza al "ellos o nosotros", asumiendo como propio, por ejemplo, a la Patria y desplazando al resto -en una clara forma de expulsión social y cívica- a los que de inmediato califican de "antipatria". Lo hizo el campo en una época, o los "leídos" ante los analfabetos. Lo hacen el mundo los nativos contra los inmigrantes y, en forma inversa, en algún momento lo hicieron en América los inmigrantes contra los nativos.

Nada bueno produce el ejercicio político, psicológico, social y económico de "la grieta". Pero desde el fondo -de lo que no estamos hablando- hay gente que cayó y se quedó allí para siempre y nadie les tiende una mano para subir porque no hay puentes ni preocupación para escalar hasta alguno de los lados.

¿Cómo superarla? No es una pregunta que tenga una respuesta a mano ya que primero hay que preguntarse: ¿alguien realmente está incómodo con esta grieta?

Probablemente haga falta la construcción, búsqueda, preparación, "minería de talentos" (porque no habrá surgimiento mágico) de un/a estadista capaz de saber, poder y ejercitar mirar más allá, trazando objetivos claros y concretos, carentes de fantasmas del pasado y galimatías de futuro: marcar una ruta para todos, sin fanatismos de por medio que alimenten patologías egocéntricas de la dirigencia, pero con la suficiente claridad y simpleza con la que pueden abordar los desafíos las personas que se han preparado para hacerlo, con sencillez y verdad.

La última pregunta deja abierta la posibilidad de que nos interpelemos todos en torno al tema: ¿queremos que ese momento llegue, realmente? El solo ejercicio en torno a una posible respuesta individual y el intercambio en torno a esta idea, delineará un mapa de posibilidades de que la Argentina sea un país y no la triste crónica de un tango porteño o una melancólica cueca cuyana.

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