Vino y exportación: cuando nos despertamos, Chile ya estaba ahí

Julio Cobos sorprendió con un análisis-elogio público al modelo trasandino para la vitivinicultura a partir de sus tratados de libre comercio. Los riesgos de medir con la misma vara a un fenómeno que, antes de comercial, fue cultural.

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China es el primer destino para los vinos chilenos.

El exgobernador Julio Cobos esperó a que bajara la espuma de una vendimia caliente en lo político y dio el golpe de efecto este miércoles con un análisis-elogio público al modelo chileno para la vitivinicultura, que ha llevado al país a ser hoy el cuarto exportador a nivel mundial y el primero del cono sur.

En concreto, el actual senador nacional hace foco en los tratados de libre comercio del vecino país, que aceitan la puerta de ingreso a los más diversos países sin la carga arancelaria de, por ejemplo, el vino argentino. En China, uno de los destinos más codiciados por su inconmensurable potencial de compra y consumo, las etiquetas trasandinas entran ya con tasa cero luego de un proceso de reducción progresiva acordado en 2005.

Sin embargo ver la foto actual de las posiciones de Argentina y Chile en el globo con un frío ojo técnico-estadístico sería perder la película completa, sobre la cual se habló bastante durante los eventos empresarios de vendimia el fin de semana pasado. Parte de la industria -principalmente la cúpula de la Coviar- culpa a la permanente inestabilidad macroeconómica en general y a medidas concretas de Macri como la aplicación de retenciones a la exportación en particular.

Sin embargo otra parte (Bodegas de Argentina, puntualmente) hizo una necesaria autocrítica luego de la sanción legislativa de un nuevo salvavidas financiero estatal para el sector. Palabras más, palabras menos, el presidente de la cámara bodeguera admitió que, si el sector vive de crisis en crisis, es que hay un modelo que no funciona y que necesita un trasplante de columna vertebral.

El problema de fondo es que la industria no se adapta a la velocidad a la que lo han hecho la demanda local y global

Más cantidad, más calidad, productos a gusto del consumidor más que al capricho del enólogo y algunas propuestas más que seguramente quedan en el tintero.

El problema de fondo es que la industria no ha logrado adaptarse a los cambios a la velocidad a la que lo ha hecho la demanda local y global. Si bien ya desde mediados de los '90 se hablaba de reconversión vitivinícola, varietales, alturas de plantación y demás, el modelo no mutó de inmediato por algo fundamental: la emblemática cultura del vino arraigada en Argentina desde la época de la llegada de nuestros ancestros italianos y españoles, principalmente, cosa que en Chile no echó raíz.

De este lado de la Cordillera la proporción del destino de la “bebida nacional” era de un 70% para tomar en casa y un 30% para subir al barco, ecuación diametralmente opuesta en el vecino país, que bebía solo el 30% de lo que producía y enviaba el 70% restante.

Sin embargo la sequía del consumo criollo llegó más pronto que tarde y el mercado externo no alcanzó a compensar esta caída. Para cuando la industria se activó y la Cancillería comenzó a tejer los acuerdos necesarios, Chile ya estaba ahí. Ah, y vale tomar en cuenta además un punto no menor: todo tratado de libre comercio implica un grado de reciprocidad; en el caso de un país con industria (circunstancialmente golpeada, pero con la capacidad instalada) abrir las puertas a China puede ser un cuchillo de doble filo.

Por ello, mientras se analiza la situación arancelaria, el sector tiene ya suficiente tarea con intentar consensuar posiciones e ideas para aprovechar el colchón de cuatro años del Fondo Anticíclico y enderezar el barco.

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