Un Plan Estratégico del Vino imposible en un país inviable

Un Plan Estratégico del Vino imposible en un país inviable

La gran apuesta de la industria y la política gestionada por la Coviar transita el último de sus 15 años, y se encamina a un cierre sin pena ni gloria en 2020. La turbulencia macroeconómica crónica de Argentina atenta contra cualquier proyección a futuro.

Dentro de los próximos 12 meses la industria vitivinícola argentina tendrá que haber: conquistado de manera definitiva a los mercados estadounidenses y europeo con vinos de alta gama; crecer en Latinoamérica y reimpulsado el consumo interno con vinos básicos; y haber integrado a los pequeños productores de uva al negocio.

La misión -de cumplimiento imposible, claro- es la base del Plan Estratégico Vitivinícola 2020, que comenzó a ejecutar la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) en el año 2005. La iniciativa transita ahora su último año con la toalla en la lona y culpas repartidas pero, a fin de cuentas, un único noqueador: la macroeconomía.

Las crónicas turbulencias del país hacen inviable no solo el PEVI, sino cualquier tipo de programa estratégico. Así lo ve Ángel Leotta, presidente de la Coviar, quien considera que la iniciativa fue medianamente cumplible hasta el 2014, pero que las montañas rusas cambiarias y arancelarias le cavaron la zanja a la que es “una de las industrias más ordenadas de la Argentina”.

Los números fríos le dan la derecha al sanjuanino. El año de la puesta en marcha del plan el país exportaba US$305.000.000 fruto de la “industria madre” local por un total de 215.000.000 litros. En 2010, cinco años después, la facturación por envíos al exterior creció más del 100% alcanzando los US$ 725.000.000 por 275.800.000 lt.

Los años subsiguientes fueron de un crecimiento mucho más moderado, con exportaciones por unos US$850.000.000 al cierre de 2018.

Mientras productores, fraccionadores, trasladistas y bodegueros claman por un salvavidas para la crisis que atraviesan y Cornejo intenta lograr un fondo anticíclico de $1.000 millones anuales, resultaría una broma de mal gusto analizar otra de las patas del plan: la integración equilibrada de todos los eslabones en el negocio y alcanzar los US$ 2.000 millones en exportaciones para 2020.

De esta forma queda en evidencia el fracaso de otra de las patas del PEVI. ¿Falló la estrategia? Jamás lo sabremos, porque las condiciones macroeconómicas durante los últimos años han hecho inviable cualquier proyección a futuro.

Leotta: Los vaivenes de la economía nos impiden llegar a cualquier objetivo de cualquier plan en cualquier actividad

Leotta lo pone en palabras aún más duras: “Los vaivenes de la economía nos impiden llegar a cualquier objetivo de cualquier plan que nos planteemos en cualquier actividad”. “Inmersos en una crisis formidable de la macroeconomía y con niveles de hiperinflación insostenibles, ¿qué previsión se puede cumplir? Ninguna”, sentencia el líder de la Coviar.

En cualquier charla sobre el por qué Argentina no logra asomar cabeza y pisar tierra firme surge, casi inevitable, la falta de previsibilidad; la falta de políticas a largo plazo y pensamiento estratégico. El mundo del vino lo hizo: logró sentar a la mesa a gobiernos provinciales, bodegas y productores (pese a las críticas de disidentes “anti Coviar”) y diseñar un plan a 15 (¡quince!) años. La industria tenía todo para llegar a 2020 en una situación sólida, pero fallaron justamente quienes deberían poder garantizar un país previsible, con una economía sana y proyección a futuro.

El Plan Estratégico Vitivinícola 2020:

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