El consumo de vino tocó fondo (18 lt): ¿quién lo levanta?

El consumo de vino tocó fondo (18 lt): ¿quién lo levanta?

La bebida nacional perdió casi dos litros per cápita en el mercado interno el año pasado. Los tiempos de la política no son los de la industria, y los de la industria no son las de las tendencias. La encrucijada por sobrevivir.

El último informe del INV sobre mercado interno de vinos dio la noticia que nadie quería recibir: el consumo por cabeza no solo perforó el piso de los 20 litros al año sino que se hundió hasta el nivel de los 18 litros; 18,77 para ser más exactos.

Los datos que muestran la caída del consumo en los últimos años.

La noticia vuelve aún más roja la alarma que desde años está encendida en la industria pero que no encuentra ni en el propio sector ni en la política un alivio que la lleve al amarillo por lo menos. Como en la popular novela de García Márquez, el sector se acerca cada año un poco más a un destino sombrío y todos los involucrados son conscientes de ello... pero nadie da con la solución a lo que no representa solo un problema económico sino también social por la cantidad de involucrados.

Con la cosecha en marcha y la expectativa puesta en la estimación que el INV publicará en los próximos días en el medio es todo incertidumbre: volúmenes de uva, stock de vino disponible, un mercado interno deprimido y uno externo desafiante. De un lado y del otro del intervencionismo, todos coinciden en que el Estado deberá entrar en juego de alguna u otra forma. Por el momento la única iniciativa oficial en vista es el proyecto del ministro de Economía, Martín Kerchner, de conformar un fondo anticíclico de $1.000 millones durante cuatro años para ayudar a equilibrar el mercado.

Sin embargo la propuesta aún no ingresa a la Legislatura y, una vez allí, deberá conseguir dos tercios de los votos para que sea ley. Mientras el proyecto busca su vía de consenso, la industria tiene sus propios tiempos y necesita soluciones urgentes, según lo plantearon los actores del mundo vitivinícola en la reunión del lunes pasado en la Unión Comercial e Industrial de Mendoza (Ucim).

De los aportes y visiones que llegaron a la mesa me llamó la atención -tanto por honesta como por propositiva- la exposición del gerente de la Unión Vitivinícola Argentina (UVA), Sergio Villanueva.

“Los cambios de consumo se realizan cada 5 años y la industria va más lenta”, analizó, reconociendo que más allá de cuestiones de coyuntura y moda, el vino perdió la mesa de los argentinos tanto por errores propios como por factores externos. “No cambiamos con la rapidez que cambian los hábitos de consumo (…) Hoy los hogares son unipersonales y la familia no se junta a comer al mediodía, entre otros cambios.

En otro mea culpa, Villanueva reconoció que un doblete de cosechas malas se trasladó a los precios de las botellas y algunos consumidores se volcaron a sustitutos. Además, en la “era de la pinta”, reconoció como un error seguir apostando casi a pleno a los envases de 750cc.

Al combo de propuestas sumó: incorporar más varietales y abandonar la “malbec-dependencia” y cambiar la mira para “estar atentos a las necesidades de un mercado que busca bebidas refrescantes, que puedan mezclarse, de distintos colores y de variadas temperaturas”.

Ahora bien, mientras se intenta perfilar el futuro, el presente apremia y los salvavidas para productores y bodegueros no se ven desde la costa.

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