"Prepotentes patoteros"... y efectivos (por ahora)

Los gremios más odiados por Macri son, justamente, los que mejores acuerdos salariales han logrado, con básicos iniciales de más de $45.000. “Conquistas” relativas ante una flexibilización inevitable y un sector privado que no enamora.

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Otros tiempos: Moyano y Macri en sintonía.

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Parece haber solo un sector al que Mauricio Macri detesta más que al kirchnerismo: el sindicalismo de los “gordos”. Sin filtro, los llamó directamente “prepotentes y patoteros”, calificativos que solo utilizaría de manera pública para referirse a los padres de la “pesada herencia”, quienes “se robaron todo”.

El presidente re refirió en aquellos términos al mendocino José Palazzo, líder de La Bancaria y uno de los dirigentes sindicales más reconocidos del país. En el combo entraron Hugo Moyano -otro peso pesado- y Pablo Biró, cabeza de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA), gremio que tiene menos afiliados pero cuya acción puede paralizar el tráfico aéreo en el país, como lo hizo días atrás.

Para Macri Palazzo, Moyano y Biró representan una sola cosa: una burocracia sindical anacrónica, que utiliza métodos extorsivos para conseguir sus beneficios, y que “atrasa” frente a un mercado laboral que requiere cada vez de mayor dinamismo y flexibilidad para adaptarse a los distintos momentos de la economía y el clima de negocios.

Ahora, ¿cómo le explica el presidente al resto de los trabajadores que gremialistas que han logrado los mejores acuerdos salariales dentro de estos años de crisis son el enemigo a combatir? Hoy un empleado bancario o un camionero que recién se inicia tiene un sueldo básico de $45.000.

La realidad misma hará inviables ciertas modalidades y beneficios de contratación conquistados a partir de la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo Macri debe convencer a los trabajadores de que esto “no va más”; que los empleados deben competir en un mercado laboral que debe dinamizarse. Tal vez recurra al mismo argumento que utiliza para defender su gestión de gobierno: “Tenemos que estar mal hoy para estar mejor mañana”. Sin embargo los memoriosos recordarán que, en su campaña de 2015, evitó aclarar que íbamos a estar mal y se limitó a garantizar que estaríamos mejor.

Entonces, ¿cómo convencer a la fuerza de trabajo de que las reformas laborales propuestas harán que estén mejor y no peor? En esto poco ayuda un sector privado que -salvo excepciones- ha otorgado mejoras salariales por debajo de la inflación y solo fue “generoso” bajo el látigo sindical.

En la economía que pretende Macri (y gran parte de sus votantes, claro) el sector privado representa un mundo de oportunidades para que los trabajadores puedan mejorar su nivel de vida, escalar en la pirámide socioeconómica y asegurarse un mejor futuro para ellos y sus familias.

Las “conquistas” de los “gordos”, aunque difíciles de sostener a largo plazo, son las que prenden ante el desencanto con las flexibilizaciones y los privados.

Por el momento escuderos del círculo empresario de base en defensa de Macri se limitan a señalar la necesidad de flexibilizar altas y bajas de personal.

“Queremos que sea más fácil despedir y contratar gente”, reconoció de manera clara Martín Cabrales, vicepresidente de la empresa de café que lleva su apellido y miembro de este círculo de apoyo al presidente, en charla con la radio Futurock.

“Hoy en día los argentinos pagamos muchos impuestos y muchas cargas sociales que no vemos, que no ve el trabajador tampoco”, agregó en una máxima en la que coinciden patrones y peones. Ahora bien, desde el sector empresario no hay una sola promesa de salarios competitivos, ni siquiera en un potencial esquema atado a productividad. De esta forma las “conquistas” de los “gordos”, aunque fugaces e inviables de cara al futuro, son las que prenden más fuerte en el ideario de trabajadores desencantados con flexibilizaciones y el sector privado. Muchos de ellos, aún despreciando al empleo público por “Gasallezco”, terminan por envidiarlo en épocas de estabilidad y “cláusulas gatillo” automáticas que al menos los cubra ante la inflación.

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