El peor Día del Trabajador de los últimos ¿7? años

El peor Día del Trabajador de los últimos ¿7? años

En un contexto de profunda recesión y poder adquisitivo en picada, quienes tienen un empleo solo esperan conservarlo y quienes no, buscar la forma de aguantar hasta que pasen las elecciones para tener una chance.

Los trabajadores argentinos conmemoran hoy su día en una de las situaciones más frágiles de los últimos años. ¿Cuántos? Para algunos, de los últimos tres con Mauricio Macri en la Casa Rosada. Para otros la desgracia comenzó hace siete, en 2012, cuando los indicadores económicos iniciaron un camino de declive que se encuentra hoy en lo más profundo del pozo.

Fuera del sector estatal, en el que hay estabilidad y ajustes salariales a la par de la inflación, en el mundo del empleo privado la sensación que prevalece es la de angustia. Quienes tienen un empleo intentan mantenerlo pese a que la inflación carcome su bolsillo ante sueldos que no acompañan los ajustes de precios, y no ven perspectivas de crecimiento en el corto plazo.

Es más: lo complicado de la situación hace que el hecho de que el 40% de los empleados estén 'en negro' resulte secundario ya que lo principal hoy es llevar al menos unos pesos al hogar y pasar 'la mala'.

Aún peor es el panorama para quienes hoy no tienen nada que celebrar ya que se encuentran desempleados. Para ellos la perspectiva no es alentadora ya que el mercado laboral -al igual que el de las inversiones- mantendrá su virtual parálisis hasta después de las elecciones presidenciales de octubre, según coinciden los analistas económicos.

“Para el trabajador éste no es el mejor momento; en épocas buenas crecen el empleo y el poder de compra del asalariado, pero en recesiones fuertes como la actual sucede todo lo contrario y difícilmente haya una recuperación por la incertidumbre electoral”, comenta Jorge Day, economista senior del Ieral-Fundación Mediterránea.

Más allá de las valoraciones políticas de uno y otro lado de la grieta, resulta innegable el hecho de que quienes no han tenido chance contra las devaluaciones últimamente son los salarios. “La actividad económica se estancó con subas y bajas en 2012 y el poder de compra se vio deteriorado con las sucesivas depreciaciones del peso de 2014, 2016 y 2018”, comenta Day.

Del lado de las empresas, por ahora la gran mayoría evita los despidos e intenta mantener a sus colaboradores por dos razones principalmente: el costo de perder todo el tiempo y dinero invertidos en capacitación, y los altos costos de una indemnización. En el caso de firmas más pequeñas pesa también el factora afectivo, ya que muchas veces se generan lazos de gran confianza en los cuales los trabajadores reman a la par de sus dueños para salir a flote.

Para los desempleados el escenario es aún más dramático por un contexto electoral de total incertidumbre. A diferencia de países desarrollados o de mayor estabilidad en la cual el resultado político se desentiende de la economía, que sigue su marcha sin demasiados volantazos, en Argentina quien porta el bastón presidencial marcha según su decisión (o capricho) sin consenso alguno con la oposición.

Por ello la gran mayoría de las decisiones de inversión o ampliación de la plantilla laboral están virtualmente paralizadas. La situación persistirá hasta octubre o un eventual ballotage en noviembre, por lo que los desempleados la tendrán difícil para acceder al mercado laboral al menos hasta el año próximo.

De esta forma a quien está dentro del sistema solo le queda “aguantar”, tal como lo volvió a pedir semanas atrás Macri, ya que “no hay que caer en la tentación de los atajos”. Sin posibilidad de atajo alguno para mantener su poder adquisitivo a través de instrumentos financieros o inversiones, al empleado de a pie, ciertamente, no le queda más que aguantar a que pase la tormenta... aunque por ahora no hay garantía alguna de aguas más calmas y, menos aún, viento de cola durante lo que queda de 2019.

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