Del péndulo que nos llevó a la pobreza a una gesta de transformaciones para el desarrollo de Mendoza

Del péndulo que nos llevó a la pobreza a una gesta de transformaciones para el desarrollo de Mendoza

MDZ Dinero

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La gesta sanmartiniana por la libertad y la independencia, erigida en estas tierras mendocinas, nos ha dejado un legado indeleble, un signo identitario íntimamente ligado a la historia provincial, signada por sus sacrificios y bondades. Ese legado de Don José de San Martín nos invita siempre a enfrentar los desafíos sabiendo que “cualquiera que sean las dificultades, es preciso tener un grado de coraje superior a ellas”. Esas palabras quizá sean apropiadas para afrontar con firmeza y un semblante esperanzador los desafíos que estos tiempos y el porvenir nos impone.

Nuestra querida Mendoza atraviesa momentos muy difíciles; la crisis sanitaria inédita que afecta al mundo, ha impactado sobre estas tierras en momentos donde nuestra economía escuálida atravesaba una crisis recesiva muy profunda, producto de los desequilibrios acumulados de un tiempo a esta parte y acentuados en la última década. Esta combinación de factores ha venido deteriorando la calidad de vida de nuestras familias y de nuestro pueblo, y afectando nuestros ciclos productivos. Hoy tenemos a nuestro pueblo desesperanzado, a nuestros productores sin entusiasmo, a nuestros comerciantes hundidos en el pesimismo y a nuestros jóvenes sin expectativas de futuro prometedor.

Este escenario político, social, económico y cultural tan particular, nos demanda un sentido social muy profundo, y reclama la reconstitución de un vínculo con la ciudadanía que la política pareciera haber descuidado. Y este presente también reclama que todos aquellos que tenemos algún rol de representación, y que tenemos alguna experiencia que pueda contribuir a resolver los desafíos que enfrentamos, nos comprometamos a ayudar a nuestra sociedad mendocina a revertir esta difícil situación, que personas comunes asumamos responsabilidades diferentes.

La historia reciente ha evidenciado que la confrontación, la pelea, ese tironeo verbal y la impugnación del otro en la búsqueda de soluciones, no contribuye para que podamos encontrar los acuerdos y consensos que nos permitan tener políticas de Estado. Políticas con una visión estratégica que muestren a la vez un sendero de previsibilidad de hacia dónde va Mendoza, para cimentar un proceso de crecimiento y desarrollo con equidad social. Hemos padecido las consecuencias de un péndulo que nos ha arrastrado de un lado a otro, desatendiendo valores tan nobles -y necesarios- como escuchar y respetar al otro, y que no nos ha ofrecido soluciones a los problemas cotidianos de nuestra gente, ni tranquilidad para nuestras familias.

Creo que es hora de que, quienes han venido gobernando, tengan un acto de grandeza y antepongan a la crítica del otro el humilde reconocimiento de los errores cometidos que han precipitado este fenómeno al que denominaría fatiga democrática, para que de este modo todos podamos comprometernos, sin banderismos ni ideologías que nos dividan y sin partidismos egoístas que nos condicionen. Es hora de contribuir a instrumentar las herramientas y aportar contenido para dejar atrás una agenda estéril y empapada de pirotecnia verbal, y avanzar a otra que ponga el foco en la generación de empleo, y en la generación de oportunidades y movilidad social ascendente conectando la vida económica y productiva del campo y la ciudad. Es necesario comprender que hay asuntos importantes y asuntos urgentes, como sacar de la pobreza a los más del 40% de nuestros comprovincianos que hoy viven en condiciones inadmisibles.

Es hora de asumir la gesta de crear puentes para unir. Algunos dicen que eso es imposible de conseguir, pero mis profundas convicciones me impulsan a intentar hacerlo: ¿qué hijos le vamos a dejar a nuestro país? Para ello, pienso en la educación de la comunidad como el camino, en los miles de productores, en los valores cooperativos y esta intención de construir, sin egoísmo ni intereses particulares, lo mejor para Mendoza. Necesitamos que todos se sientan protagonistas, particularmente los jóvenes, quienes deberán continuar con un camino que deje atrás las frustraciones y los desencuentros que nos ha dejado esta última década.

Necesitamos un Estado dinamizador de la economía, que actúe despojado de ideologías y en función del bien común, de la familia y la dignidad de las personas. Un Estado ágil, profesional, y con sensibilidad social para atender a los que más lo necesitan.

Pero también es hora de repensar nuestras estrategias de crecimiento y desarrollo, repensar la naturaleza y diversificación de nuestra matriz productiva. Se vuelve cada vez más necesario apoyarnos en aquellos sectores que pueden hacer valer nuestras ventajas comparativas, pero también necesitamos identificar a aquellas áreas y sectores que pudieran explotar nuestras capacidades humanas y de conocimiento. Necesitamos de más educación y más valores que contribuyan a generar una cultura que sean compatibles con un camino de desarrollo humano integral y social. La cultura del favoritismo, de la discrecionalidad política, de la ventajita criolla nos ha conducido a estos resultados que hoy sufrimos y padecemos.

En definitiva, creo que es hora de convocar a esa gesta, la de crear un espacio de encuentro de todos los mendocinos, y esto no supone que todos pensemos del mismo modo, incluso pondero la diversidad de opiniones, sino que se trata de generar un ámbito en el que dejemos de lado la pelea y asumamos el compromiso de mejorarle la vida a todos y cada uno de nuestros comprovincianos. Un ámbito de encuentro al que asistamos con la más profunda de las autocríticas que nos debemos, pero con vocación de servir públicamente a las necesidades de nuestra gente. Es hora de que todos los actores de todos los sectores se junten a consensuar, a dialogar y a acordar la forma en que podemos mejorar esta realidad que nos duele, que nos apena, para transformarla en aquella que nuestros antepasados soñaron para nosotros y para nuestros hijos. Sin olvidar aquel anhelo que también nos legó San Martín, de que Dios conserve la armonía entre nosotros, porque ese será el modo de que salvemos este barco.

CARLOS IANNIZZOTTO – PADRE DE FAMILIA - ABOGADO- PRODUCTOR VITIVINICOLA DE MENDOZA – PRESIDENTE DE CONINAGRO

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