El tuit que cambió la historia: la política frenética y circular de Argentina

El tuit que cambió la historia: la política frenética y circular de Argentina

La muerte del juez Bonadio vuelve a refrescar cómo funcionan los mecanismos de poder en Argentina. El tuit de Cristina que pateó el tablero político y que seguirá repercutiendo.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

La muerte del juez Bonadio vuelve a poner de relieve las relaciones de interdependencia de los poderes del Estado, cómo influyen las decisiones de un poder sobre el otro. 

El Juzgado de Bonadío tiene en su despacho algunas de las causas más calientes de la realidad política argentina y ahora será subrrogado y el reemplazo estará en manos de una negociación política que tendrá como eje a Cristina Fernández, la vicepresidenta y una de las investigadas por Bonadio.

Entre los cotos de poder que la ex Presidenta tiene está la vinculación entre el Gobierno y la justicia. Por la  capilaridad del kirchnerismo en uno y otro poder y hasta por el rol institucional. El Consejo de la Magistratura, la Comisión de Acuerdos, el propio Senado. 

Circular

La política argentina tiene una dinámica frenética, pero también es circular. A principios del año pasado había un escenario incierto. Pero hubo un hecho que cambió todo. Una decisión que condicionó al resto de los actores políticos y, a la vista está, también las relaciones de poder. 

Fue un tuit. El 18 de mayo del 2019, sábado a la mañana, Cristina Fernández comunicó que sería candidata a vicepresidenta y le cedía el primer lugar en la fórmula a Alberto Fernández. Esa maniobra política dejó en off side a todos. El PJ se vio forzado a unirse  y quedar bajo el ala de la estrategia cristinista. Alberto tuvo que hacer magia dialéctica para zafar del "efecto archivo" y al entonces oficialismo, con Macri a la cabeza, le pasó lo peor: se quedó sin la enemiga perfecta. "En la semana de mayo, reflexiones y decisiones. Sinceramente, Cristina", decía el mensaje que acompañaba el video del anuncio.

 

El resultado electoral está a la vista. Pero la repercusión de esa decisión se comenzó a notar mucho antes de los comicios. En ese momento, por ejemplo, el Senado tenía acordado que se designaría a un grupo de jueces federales que debían cubrir cargos vacantes. Pues la aparición de Cristina como posible jefa del Senado frenó esos acuerdos y los reemplazos, entre ellos dos de Mendoza, aún no son ratificados. 

 

Como una paradoja, ahora será la propia Cristina la que tendrá a su alcance cubrir la vacante del despacho donde están los expedientes con su nombre. 

La ex presidenta ha hecho gala del ejercicio del poder. Si lo tiene, o usa y a su manera. El sistema de designaciones y sanciones para los jueces tiene un proceso técnico y un margen de arbitrariedad que muchas veces es mal entendida.

El Presidente debe elegir a los jueces de una terna y luego el Senado aprueba o no. Esa es la instancia de negociación política que suele tener distorsiones.  Pero en la década del kirchnerismo puro y duro hay datos relevantes que van en la dirección contraria a esa sospecha. Ocurrió cuando Néstor Kirchner cambió a la Corte Suprema e incluyó instancias de participación para evaluar a los candidatos. Era la época del primer "Néstor", con poder limitado y necesidad de acuerdos. 

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