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Opinión

Servicio Cívico: un anuncio para endulzar oídos y no cambiar nada

El anuncio será inocuo para la política de abordaje sobre la juventud, pero para el Gobierno es un éxito discursivo. 

El Servicio Cívico Voluntario para la formación en Valores apunta, según la promesa, a darle un espacio a los jóvenes que no trabajan ni estudian. Pero en realidad, a la luz de la flaqueza argumentativa que tiene el programa, parece tener más un objetivo discursivo, que real.

Los jóvenes a los que, se supone, está destinado son parte del grupo a los que el Estado les “perdió el rastro” y a los que no les puede garantizar el acceso a sus derechos. No están en el sistema educativo y tampoco acceden a un empleo formal que les garantice seguridad social, entre otras cosas. Justamente la mitad de los jóvenes no termina el secundario y el desempleo entre ellos duplica a la media general. Desde hace décadas el Estado no ha logrado tener una estrategia efectiva.

Por la magnitud, la medida será inocua en temas efectivos. La repercusión pública del anuncio es incomensurablemente mayor a la efectividad que tendrá el plan. Mendoza y casi todo el país están excluidos de la iniciativa este año y para el 2020 apenas sumaría unos 15 mil jóvenes todo el territorio nacional. Gendarmería no tiene en Mendoza una logística que le permita ejecutar un abordaje serio de jóvenes que tienen una historia difícil detrás. Por eso parece una burla a la inteligencia algunos dichos de funcionarios de Seguridad. Que van a aprender a programas, que podrán incluso avanzar en el pilotaje de helicópteros, que usarán drones. Todo en un curso de un día por semana, sin incentivo económico, sin lazos con el sistema educativo y tomando como base que se trata de chicos que hasta ahora estaban marginados de la educación formal.

La experiencia mendocina del Servicio Cívico Voluntario, que tenía mucha más solidez como plan, marcó algunos antecedentes importantes. Primero, los jóvenes que accedían tenían serias dificultades para adecuarse a las rutinas escolares. La formación que les dieron no alcanzó para insertarlos con éxito en el mundo laboral. Sin embargo hubo buenas experiencias, aunque se trataba de un programa distinto desde la base: dependía de Educación y no de Seguridad.

Hay otro dato que en el Gobierno podrían tener en cuenta. El Servicio Militar Voluntario ha tenido un crecimiento en cuanto a la demanda, basados en la necesidad de tener algún ingreso fijo. El Ejército paga un sueldo que supera los 20 mil pesos y, si no hay problemas, puede ser un “empleo” de al menos 10 años. Pero hay una gran brecha entre quienes se anotan y quienes ingresan. La aptitud psicofísica es una de las principales barreras.

El Gobierno nacional se apuró a hacer el anuncio porque en una semana tendrán veda para relacionar medidas de gobierno con la campaña electoral. Es decir, la intención era instalar el tema como parte de la estrategia de campaña. Y lo lograron. Los partidos populares han usado históricamente a grupos vulnerables como clientes políticos. El Pro, que es un partido político joven, toma un camino sui generis: el Servicio Cívico anunciado ayer no busca un efecto positivo sobre el público al que está destinado el programa, sino a quienes observan el problema de la juventud como fenómeno; principalmente la clase media. Los que piensan que “algo hay que hacer”. Y en ese sentido la repercusión fue exitosa. Algo similar ocurrió cuando el mismo gobierno anunció que quería bajar la edad de imputabilidad: consiguió un efecto simbólico positivo para su imagen, aunque en la política sobre minoridad e infancia no haya cambiado nada.