Una maniobra política que tuvo más de un responsable

Una maniobra política que tuvo más de un responsable

El PJ mendocino había empezado a forjar una relación intensa con el nuevo gobernador radical, la cual, con este desenlace, también entró en crisis. El fracaso reformista demostró que los políticos deben dejar de mirarse el ombligo e incorporar herramientas de participación social.

Juan Carlos Albornoz

Juan Carlos Albornoz

Rodolfo Suarez tuvo que dar marcha atrás con la reforma de la ley 7722, pero no fue el único que sufrió una derrota este viernes.

El peronismo mendocino había empezado a forjar una relación política sorpresivamente intensa con el nuevo gobernador radical, la cual, con este desenlace, también entró en crisis.

Suarez tejió una rápida alianza a favor del desarrollo minero con el presidente Alberto Fernández y desde la Nación había bajado un mensaje contundente a las filas del PJ local: "La reforma sale o sale".

En medio de renovados elogios a la transversalidad política, que supo tener como emblemas a Néstor Kirchner y Julio Cobos, la mayoría de los justicialistas cumplió con la instrucción de Fernández en la Legislatura hace apenas una semana.

Además de que el presidente había decidido impulsar la minería, fortalecer a Suarez le convenía al peronismo mendocino: podía debilitar el liderazgo de Alfredo Cornejo.

El acuerdo político de dos fuerzas que habían dicho en la campaña, con mayor o menor énfasis, que querían la minería, parecía alcanzar para cumplir con el objetivo. Lo que nadie advirtió a tiempo fue la dimensión de la reacción popular, que identificó a más de un responsable.

La velocidad de la aprobación del proyecto reformista en la Legislatura acrecentó sospechas ciudadanas en torno a este pacto radical-peronista. Y cuando Suarez empezó a preocuparse en serio por la falta de legitimidad social de la medida que había tomado, ya era tarde, porque había avanzado demasiado.

Mendoza claramente necesita nuevos instrumentos para que sus representantes sepan si tienen o no aval de la gente en determinados temas. No existe en la Constitución mendocina, por ejemplo, la consulta popular vinculante.

El político local obligatoriamente tiene que guiarse por el olfato o el instinto, y tal vez lo prefiere por conveniencia, pero en estos días históricos han quedado a la vista los riesgos de no tener otras herramientas.

Suarez se consideraba legitimado por los votos del 29 de setiembre para reformar aceleradamente la 7722, pero las marchas y reacciones de los últimos días le demostraron que no era así.

También le avisaron que conviene expandir el diálogo que tanto pregona más allá de los límites de la política, que en muchas ocasiones, sólo se mira el ombligo.  
 

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