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Opinión

"Garantismo Celestial" (o las miserias de la Doctrina de la Salvación)


 En el universo católico, los pecados mortales son las faltas o transgresiones que ofenden profundamente a Dios (matar, robar, violar, masturbarse, faltar a Misa los domingos sin justificación, etc.). Y el propio Dios decreta dos condiciones para los que comenten tales transgresiones y quieren recibir su perdón, evitando así la pesada condena que merecerían (caer en el Infierno). En primer lugar, aceptar que hace dos mil años Jesús de Nazareth asumió y pago con su tortura y espantoso asesinato la culpa de todas las malas acciones de toda la humanidad. En segundo lugar, arrepentirse sinceramente.

Una cosa debe quedar clara de entrada sobre esta creencia: nada tiene que ver con asumir las propias responsabilidades o con la Justicia o (menos aún) con la cordura. Implica que ni el criminal más despiadado del mundo necesita afrontar consecuencias si da por cierto una conjetura muy cómoda y conveniente (que alguien ya las afrontó por él) y experimenta una sensación determinada (remordimiento).

Pongamos por caso a Lucas Gómez, el mendocino que torturo, sodomizó y asesino a la niña Florencia Di Marco en la provincia de San Luis a principios de abril. En el universo católico, bastaría que un minuto antes de morir este personaje abyecto se arrepintiera sinceramente y aceptase de corazón que la culpa de todas las maldades de la humanidad (incluidas las suyas) quedó saldada hace dos mil años gracias a la muerte de Jesús de Nazareth... ¡¡¡para que las puertas del Cielo se le abran de par en par!!!

Sinceramente, me cuesta imaginar un sistema más arbitrario, caprichoso e imprudente que este.

¿O qué opinaría Ud., amigo lector, de indultar y premiar con la libertad a los asesinos, ladrones y violadores de Argentina que se arrepintieran sinceramente y aceptasen de corazón (por decir lo primero que se me viene a la cabeza) que la tortuosa muerte del General Manuel Belgrano asumió y pagó las culpas de todas las malas acciones de los argentinos? ¿Le parecería sensato o edificante? Estoy seguro que no, incluso si Ud. admira profundamente a Manuel Belgrano y es católico. ¿Por qué festeja entonces como la cumbre de la sabiduría y la bondad que premien en forma indiscriminada a cualquiera que se arrepiente sinceramente y acepta de corazón que la muerte tortuosa de Jesús de Nazareth asumió y pagó todas las culpas de toda la humanidad?

Y he aquí, a fin de cuentas, el legado más trágico y doloroso de las religiones: hacer que gente decente y perfectamente razonable admita doctrinas descabelladas y obscenas sin detenerse a reflexionar acerca de sus implicancias lógicas y morales más profundas.