Opinión
Una aduana inoperante
Los cancilleres de Argentina y Chile pueden hacer 100 reuniones más y plantear un montón de ideas innovadoras. Los funcionarios de ambos países podrán jugar a ser coordinadores binacionales y llamarse por teléfono cada diez minutos. Incluso los presidentes se pueden estrechar sus manos y prometer que las relaciones serán más fluidas. Pero por más que todo eso pase, en el paso fronterizo Cristo Redentor seguirán produciéndose colas eternas para cruzar la cordillera. ¿Por qué? Porque falta gente.
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Ayer la espera de seis horas en la aduana no se debió a ningún papeleo en especial. Tampoco se hubiese simplificado con el sistema de aduana integrada que prometió implementar Susana Malcorra en su última visita a Uspallata. La demora fue originada por la falta de personal en la AFIP.
No es un secreto que cada vez más argentinos cruzan la cordillera para hacer compras a precios convenientes y está bien que en la aduana se controlen esos ingresos. Pero a los empleados no les envían refuerzos para hacer frente al malón de vehículos que todos los días llegan a la frontera.
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Para ser gráfico, es como si a la estación de servicio del Automovil Club -Amigorena y San Martín- la atendiera un solo empleado. Por más que no reciban tarjeta de crédito, no den vuelto o pongan límite a la capacidad de carga, va a ser inevitable que colapse por la cantidad de automóviles que la utilizan.
Así funciona hoy la aduana. Las casillas externas estuvieron cerradas todo el domingo y un funcionario de la AFIP revisaba a cuatro filas de vehículos. ¿Es imposible aumentar el número de empleados?
Está bien que los gobiernos de ambos países trabajen para aceitar el intrincado vínculo entre Migraciones, Aduana, AFIP, SAG, PDI, Carabineros y Gendarmería. Pero mientras tanto tienen que tomarse medidas de cabotaje. Sobre todo ahora que, con el aeropuerto cerrado, el tránsito terrestre será aún mayor.