Opinión
¿Cuando debe terminar el gobierno de Macri?
Si Mauricio Macri representa para muchos sectores que se oponen a sus políticas "un retroceso", que no pueda terminar su mandato representaría algo mucho peor, para todos, para el país y no sólo para el actual presidente y sus circunstancias. No hay ningún indicio cierto de que algo así pudiera pasar y, sin embargo, se extiende por las redes sociales y hasta en discursos políticos de quienes fueron desplazados en las urnas de la responsabilidad de gobernar, cierto clamor por el urgente cambio. Llamen como quieran llamarlo, se trata de empujones hacia un abismo que todo gobierno no peronista ha visto desde el fondo alguna vez.
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Esto último merece una explicación para darle contexto a esta nota: ningún gobierno que no haya nacido del peronismo logró terminar su período de gobierno en tiempo y forma, y muchas veces fue el propio peronismo el que estuvo detrás de alguna justificación del final abrupto. Claro que ni propio Perón ni su esposa, la olvidada María Estela Martínez, conocida como "Isabelita", fueron ajenos al juego que tuvo al propio líder como jugador, secundario en 1930 y principal en 1944.
Si las reglas del sistema democrático indican cual es la duración de los gobiernos y cuáles los términos de su control parlamentario, no debería tener sentido temer una irrupción en sentido contrario desde una oposición que cree que quienes ganaron las elecciones están usurpando un lugar que creen propio, para siempre.
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De aquí que la batalla más profunda de la gestión macrista es algo que en realidad debería estar garantizado automáticamente: terminar el mandato en tiempo y forma. Nunca antes. Y entregarlo a un nuevo gobierno (y si es posible, que nadie falte a la cita del traspaso de atributos presidenciales).
Muchos podríamos pensar que el gran objetivo está en vencer a la inflación, superar la corrupción, activar la economía, empoderar a las instituciones republicanas y luego, avanzar con reformas modernizadoras. Macri camina con un paraguas en la mano por una cuerda floja, bastante alto.
Es su propia fuerza la que debería estar tejiendo la red de contención mientras soplan todo tipo de vientos en la superficie.
Resulta insólito que la política no haya aprendido nada desde el golpe contra Hipólito Yrigoyen hasta ahora o peor, que lo triunfante como concepto sean las mañas justificadoras que siempre han provocado caos e imprevisibilidad.
El temor a que la gente se concentre en las propuestas y planes de cada fuerza es la principal causa de alentar que al otro le vaya mal. La competencia sigue siendo por "el menos malo" y no por elegir entre lo mejor que está en condiciones de dar el país a sus habitantes.
Algunos fundamentan su actitud en que "así somos los argentinos, y qué". Otros pensamos que solo se imponen los fanaticos debido a la indolencia de muchos de los que debiéramos dejar la demagogia tribunera de lado, el cancherismo triunfalista de lado para concentrarnos en todo lo que nos falta, no para "agradarle a los pobres", sino, por ejemplo, para que todo pobre sienta que puede dejar de serlo si se lo propone y el Estado le da oportunidades.
La tarea de Macri es compleja. Pero la de todos los argentinos, ciclopea.

