Opinión
Trump: dime qué líder eliges y te diré quién eres (o viceversa)
Estados Unidos, otrora capital de las libertades, parece estar tropezando con sus propias contradicciones entre el decir y el hacer y pariendo a su propio antilíder mundial. Hay quienes analizan que representa tan solo un exabrupto de la Historia, pero otros directamente lo empoderan como "un Hitler". De esta última definición surge la necesidad de estar atentos a la profundidad de un fenómeno que parece haber crecido como una mancha silenciosa entre el pueblo estadounidense, hasta tomar cuerpo, forma y discurso: Donald Trump, consagrado por los republicanos como la única alternativa que pudieron conseguir a los demócratas.
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Endebles y con una fuerte caída de la confianza pública, los demócratas solo pudieron impulsar a Hillary Clinton. Su alternativa era un socialista más bien conservador, Bernie Sanders, a quien no le fue tan mal y dejó en claro que la disconformidad atraviesa a toda la sociedad en ese país . De la rebeldía social que encarnó Barack Obama no queda nada, de sus células de acción barrio por barrio y hasta del apoyo de las más diversas minorías, no queda nada. Es hoy su partido el que encarna al establishment, con Wall Street como el Gran Padrino de su candidatura.
El día ha llegado: Donald Trump es el candidato oficial del Partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos pic.twitter.com/oXWfCYa7MX
- pictoline (@pictoline) 19 de julio de 2016
El pueblo estadounidense, sumido en una inédita carencia de horizontes de crecimiento individual, buscó primero en el primer presidente de raza negra y ahora en un multimillonario bribón, una salida mágica del pozo en el que se sienten atrapados. Lo curioso es que lo que los hace sentirse mejor pareciera ser que es demostrar el poder de que el resto del mundo caiga tanto como ellos o que su bandera flamee en cada vez más lugares del mundo, al costo que fuere. Una especie de pasión imperial con respaldo popular que les impide ver otra perspectiva que no sea extremadamente individual y por cierto, egoísta. No hay "proyecto colectivo" posible ni adentro ni afuera si de ellos dependiera.
En las puertas de su propia (y potencialmente brutal) experiencia populista, Estados Unidos se debate entre mostrarse tal cuál es íntimamente o seguir adoptando una cáscara mentirosa. Ni Trump ni Clinton parecen ser las opciones para que ese país recupere su propio eje. Y el problema es que aunque está desorientado internamente, sigue liderando el mundo, pero en esas condiciones. Un borracho al volante del mundo.

