Opinión
¿Un nuevo "Mendozazo"?
Si son ellos los que se quejan de un gobierno al que no votaron, es legítimo. Si pasa lo contrario, hablan de "golpe blando". Resulta inaceptable que se lleve a términos extremos la defensa de posiciones de sector. Todos tienen derecho a expresar sus ideas, pero no a imponerlas por la fuerza.
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El juego de la democracia permite el diálogo, la discusión, la disconformidad y la protesta. Pero cuando se pierde dentro de las reglas del juego, no cabe esgrimir otras, sacar de la galera las que más creen que les convienen. Las ideas se imponen por mecanismos preestablecidos, signados por la votación: ya sea en elecciones o en los cuerpos colegiados.
Cabe decir ahora que los docentes iniciaron una legítima lucha en contra de una propuesta realizada por el gobierno provincial de crear una norma que premie a los docentes que están al frente de las aulas, para diferenciarlos de aquellos que, tras conseguir el trabajo, piden el traslado a otras dependencias que, muchas veces, no tienen nada que ver con la educación. Le llamó "ítem aula".
Es discutible, por supuesto, pero el solo rechazo de un sector no le impide a un Gobierno a proponerlo y defenderlo, inclusive.
Algunos sectores estuvieron en contra y así lo hicieron notar con absoluta legitimidad. El Sindicato de Trabajadores de la Educación, el SUTE, realizó tres paros de actividades, por ejemplo. El Gobierno, de su lado, cerró la negociación paritaria, buscó y consiguió -no sin polémica- que el decreto fuera respaldado por la Legislatura.
Frente a esto, el sector docente perdió en su planteo. En la Legislatura -la que tenemos, la que votamos, que se armó de acuerdo con las reglas del juego vigente- respaldó al Gobierno de igual modo que ha pasado en muchas otras situaciones, tanto a nivel local como nacional: las mayorías se imponen sobre las minorías.
¿Hay opciones? Claro que sí. La democracia ofrece nuevas instancias de diálogo y discusión. Lo que no es opción bajo ningún punto de vista es agitar la posibilidad de alterar el orden constitucional, llamar a la violencia y rememorar, para ello, un hecho histórico que se llevó adelante en otro contexto, en medio de una dictadura, como fue el "Mendozazo".
No vale la pena detenerse a recordar aquel hecho porque está en el otro extremo de las opciones vigentes para convivir en democracia: no hay motivos para llamar a una rebelión popular que busque hacer cambiar de opinión a la Legislatura, legítimamente constituída, por la de una asamblea popular nutrida solo por los que coinciden en un mismo objetivo.
Llamar a un "Mendozazo" para el 4 de abril como lo está haciendo el SUTE tras perder en su lucha es totalitario y hasta ridículo, porque ni siquiera han revisado, todavía, si su estrategia política en la defensa de sus posiciones fue lo que fracasó en lugar de echarle la culpa al resto de la sociedad por su fracaso.
Es peligroso, absurdo y estúpido. Representa invocar a los peores fantasmas del pasado. Es robarse la pelota porque perdió el partido por un penal (aunque haya sido mal cobrado). Es infantil y demuestra una falta de madurez política preocupante a esta altura de la historia.
Nadie duda de que están jugando en este tironeo otros factores, más bien de orden partidario junto con un puñado de antipatías con el gobierno actual, para proponer una insurrección popular contra el gobierno que asumió hace 100 días, tras 8 años de gobiernos provinciales en Mendoza con los que convivieron pacíficamente y de los que callaron sistemáticamente, mientras la provincia se hundía en la mayor crisis financiera y económica, además de descalabro administrativo, del que se tenga conocimiento.
Cornejo puede estar equivocado. La Legislatura puede haber cometido un error. Pero nada de ello es igual de insalvable como un gobierno dictatorial contra el que, también legítimamente en ese contexto, se produjo el histórico Mendozazo.
Está bueno que piensen en hacer una revolución. Una que se dé en las aulas, con con el proceso educativo del que somos todos partícipes con nuestras pibas y pibes.

