Ítem aula y salario emocional
En recuerdo a Daniel Clemente, un amigo que dio mucho amor por la Escuela.
¿Qué decir cuando la gente está enojada, enfrentada? Lo que alegra a unos es justamente lo que disgusta a los otros… Pero en este caso existe algo que debe acercarnos: los chicos.
El gobierno escolar desea que las clases inicien en tiempo y forma, los docentes necesitamos dejar claras las “reglas de juego” antes de comenzar y los padres quieren… a los hijos en la escuela. Pero, el gobierno no tiene plata, los docentes reclaman un salario justo, y los padres suplican para que los chicos regresen a la escuela.
El gobierno propone un Item Aula para favorecer la asistencia de los docentes, mientras que a los docentes nos agradaría un Item Escuela que sirviera para motivar la presencia de los padres cuando se los cita, o deben llevar y retirar a sus hijos en los horarios establecidos.
Los docentes educamos como somos, algunos con más vocación que otros; pero ser asertivo y reclamar lo que se considera justo es una virtud que no puede dejar de tener ningún educador, sea padre o docente. Nuestros hijos, nuestros estudiantes necesitan también de ese ejemplo responsable que previene la multiplicación de “borregos” incapaces de defender la vida en democracia.
Educamos como somos y no podemos deshacernos de nuestra imperfecta humanidad. Los docentes reconocemos que junto a nosotros está el desmotivado y ese colega chanta que trabaja a media máquina y anda mintiendo licencias, mientras que son muchos los que dejan generosamente el alma y la salud en las aulas y no buscan premios.
No somos Saya, la maestra robot del Japón que no falta, no queda embarazada, no se queja, no sufre por un electrodoméstico que deja de funcionar, hace todo según lo programado, y sabe tanto como lo que es, una computadora.
Sabemos que la tecnología novedosa es cara, al principio, pero luego baja de precio, así que los gobiernos escolares deberían considerar esta alternativa: Saya que no falla o ese docente de carne y hueso que se enferma, se equivoca, se cansa y se enoja, pero que es capaz de transmitir “humanidad” a los humanos en formación.
Propongo, luego de resolver el salario justo para los docentes, comprometernos como sociedad a brindar ese salario emocional que también les adeudamos a aquellos que eligieron ser educadores de calidad.
Propongo un Item Respeto. El Gobierno Escolar fortaleciendo la autoridad del docente al reconocer el “valor” de su tarea; los docentes demostrando su calidad como educadores a través de una educación de calidad; los padres cuidando no desautorizar al docente para que su hijo aprenda y sea mejor persona; y los chicos… ellos se comportarán de acuerdo a lo que aprendan de nuestras conductas.
Hagamos ese esfuerzo que acostumbramos mezquinar los adultos en estos asuntos cardinales, “… por el país próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños” (García Márquez, 1994)
(∗) Psicopedagogo institucional, investigador y escritor. 57 años aprendiento en la Escuela.

