Opinión
Cornejo en el balcón y los tempranos boicots a la gestión
Da la idea de que Alfredo Cornejo protagoniza una película de la que ya se conoce el final. Tranquilo, miró desde el balcón del cuarto piso de la Casa de Gobierno hacia el Poder Judicial y prefirió no enfocarse en contra de la Corte de Justicia, sino en desconfiar de uno de sus miembros. "No hay conflicto", repetirá una y mil veces. Lo mismo con la plaza de Las Heras que estaba siendo tomada por la militancia kirchnerista a raíz del vencimiento de 662 contratos: "Son un grupito que de a poco se va a ir apagando; hay que revisar todo lo que han hecho las gestiones anteriores mal porque hay una tarea central aunque puede aparecer como aburrida para los periodistas: hacer que las cosas funcionen, nada más que eso ya es mucho para Mendoza en las condiciones en que está hoy". Igual reacción frente a los peronistas que se niegan a tratar sus leyes clave: "Es porque tienen un problema interno y todos están buscando cómo posicionarse". Ve exageraciones por todos lados en lugar de "operaciones". Pasa de una mirada desconfiada de la realidad a una tranquilizadora. Pretende recorrer a vuelo de pájaro la realidad de la provincia sobre la que intenta hacer pie. Pero hasta en eso prefiere ser sumamente realista, sin dar una sola oportunidad a la grandilocuencia: "Nunca vamos a terminar de conocer todo lo que hay en el Estado, pero no solo yo, sino que ningún gobernador lo ha podido hacer". ¿Pesimista o sincero? Cornejo sabe que cuando termine el mandato -si no ha conseguido cambiar la Constitución- no podrá dejar una obra gigantesca que lleve su nombre y ensaya un ejercicio: "¿A ver, díganme quién hizo Potrerillos? ¿Gabrielli, Lafalla, Iglesias que la inauguró o Cobos que hizo el terraplén?". Y subraya: "En Mendoza las obras grandes son a largo plazo porque no tenemos un solo peso propio para encararlas como en la época de Pancho Gabrielli, en todo caso. Entonces no hay que sobreactuar ni vender humo. Corremos el riesgo que se corrió con la Villa Deportiva", explicó informalmente.
Te puede interesar
¿La autonomía municipal le puede mejorar la vida a los mendocinos?
Se entusiasma con Mauricio Macri de quien dice que "no somos amigos" y que se conocieron "cuando firmamos un convenio de trabajo por el teatro Colón y el Plaza". Pero celebra la conexión: "A veces nos mandamos un whatsapp, nos llamamos y sus ministros están con mandato para atender y tratar de resolver problemas y eso, por ahora, funciona sin protocolos, muy en forma práctica, muy bien".
Sin hacer pie en todo el gobierno y con casi un 50 por ciento menos de personal político como expedicionarios sobre la burocracia, intenta pararse en un punto de equilibrio y actúa como vigía de todo un gobierno. No tiene amigos personales en el equipo, dice, aunque admite que la política le ha dado "amistades para siempre". "Yo como gobernador no consulto con amigos y con mi esposa charlo algunos temas; pero como gobernador las cosas del gobierno las hablo con mis ministros y funcionarios. Así funciona", explica e insiste en una mecánica que quiere imponer: "No tolero reuniones de más de 20 minutos y expeditivas; no recibo a nadie que solo traiga ideas, ocurrencias: espero proyectos, tanto de mi equipo como del sector privado".
-
Te puede interesar
La Corte Suprema enciende una luz de esperanza en la selección de jueces
"Aburida, mi agenda es aburrida y se van a tener que acostumbrar", subraya, pesimista o sincero, como quiera interpretársele, para desconcierto de quienes insisten en comparar su nuevo gobierno con el que inició casi al mismo tiempo Mauricio Macri. "Odiosa comparación", se sincera también, a disgusto con el planteo.

