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Opinión

Una falsa mosca en el plato político: se van sin pagar la cuenta

El peronismo, una vez más, resuelve su impotencia reteniendo como rehenes a toda una provincia. ¿Alguien les va a poner un freno?

 Sacan una mosca del bolsillo. La colocan en el plato ante el festejo del resto de los comensales que celebran la ocurrencia. Llaman al mozo: "¡Hay una mosca en mi sopa!". Simulan enojo, se paran, alguno hasta golpea la mesa y se van sin pagar la cuenta, luego de haber comido como marranos.

Esa es la metáfora del gobierno provincial saliente. Hicieron durante años lo que quisieron, no lo que hacía falta y nadie les pidió, salvo algún amigo empresario, distribuyeron 700 millones de pesos en propaganda para amordazar medios (que se dejan amordazar con gusto) y lo que pasó, pasó y está a la vista: tornaron a Mendoza, la otrora "isla institucional", en una caja sin fondo, sin proyecto; en un vehículo sin nafta para seguir andando en medio de un camino desconocido.

Volvamos a la metáfora del restorán luego del desaguisado legislativo que impide poner las finanzas en una situación manejable: la mosca, la risa contenida, el hambre satisfecho y, a pesar de todo, se paran, tiran del mantel y rompen las copas, los platos y la vajilla rebota contra el suelo.

Es como si se vengaran contra el electorado que no los votó y que, de hecho, los invitó prolijamente en las urnas a retirarse del poder.

En más de una oportunidad, referentes del FPV mendocino señalaron que la gente los castigó en las últimas elecciones. Lo dijo Jorge Tanús en MDZ TV y lo reiteró el lunes Eduardo Bauzá. Ambos han sido protagonistas de los últimos ocho años de gobierno. ¿Autocrítica o punto de partida para ponerse en modo opositor cuando aun no han terminado la tarea encomendada? Perdido por perdido, alientan el caos. Tanús usurpó el poder de su propio partido ante un escuálido liderazgo de Paco Pérez, gobernador y presidente partidario desautorizado una y otra vez. Desde allí, alienta las más osadas iniciativas con la vista puesta en conseguir sostener en pie a un pequeñísimo sector de la sociedad mendocina que es el que defiende: un grupo de intendentes cuyo mandato fue convalidado, pero no para poner en jaque la gobernabilidad de la provincia, sino para que administren sus municipios.

Equivocados, desenfocados y con una alta dosis de irresponsabilidad, avanzan ante la mirada atónita de miles de acreedores de un Estado que, por su mala gestión, no podrá pagar por sus servicios. 

Se van sin pagar la cuenta. Y para colmo, se hacen los enojados.